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Aumenta el número de especies tropìcales en el Mediterráneo

  • En los últimos 30 años casi se ha duplicado el número de especies tropicales
  • En el área occidental del Mediterráneo no ha habido conflictos con las especies nativas

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La presencia de peces tropicales y subtropicales en el Mediterráneo occidental ha crecido casi el triple en las tres últimas décadas, al pasar de las 12 ó 15 especies que los científicos registraron en los años 80 a las 38 catalogadas en 2010.

El investigador del Centro Oceanográfico de Baleares Enric Massutí ha explicado que se trata de "especies que hasta ahora no se conocían en el Mediterráneo, tropicales y subtropicales procedentes del Atlántico, que se supone que han entrado por el Estrecho de Gibraltar".

Si los registros de la presencia de estas especies se analizan cronológicamente "parece que se produce un incremento bastante mayor a partir de los años 80 que anteriormente", detalla Massutí, quien considera que entre las causas de este aumento destaca "que se han acelerado los cambios de las condiciones oceanográficas" y además se ha desarrollado más la investigación en las últimas décadas.

La razón de que estos peces exóticos se queden en el Mediterráneo occidental, en un fenómeno denominado "tropicalización", es que "encuentran unas condiciones más favorables para su desarrollo" por el aumento de la temperatura del agua registrado durante la segunda mitad del siglo XX, debido al calentamiento global.

Los datos han sido recopilados por el Instituto Español de Oceanografía

Los datos son las conclusiones de un estudio realizado por el propio Massutí y otros tres investigadores del centro regional de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO), que se ha incluido en la publicación "Fish Invasions of the Mediterranean Sea: Change and Renewal".

El informe de los científicos baleares recopila datos históricos de la segunda mitad del siglo XX y constata importantes cambios en la composición de la fauna piscícola del mar Mediterráneo, por la entrada de hasta 38 especies del Atlántico y el Índico, casi todas exóticas, durante las dos últimas décadas del pasado siglo.

"En algunos casos son especies que no se conocen en esta zona como un tipo de pez ballesta, un pez limón (seriola fasciata), alguna especie parecida al rascacio o el tiburón martillo (sphyrna mokarran)", ha detallado Massutí.

No todas se comportan igual, de forma que si algunas tienen una presencia regular, otras únicamente pasan ocasionalmente, que sería el caso "sobre todo de los grandes migradores como alguna especie de tiburón y otros grandes pelágicos, que hacen incursiones y entran y salen del Mediterráneo".

Algunas especies se han establecido bien en el Mediterráneo occidental, con poblaciones estables que "ya se encuentran de forma más o menos regular en las capturas de pesca".

   Massutí advierte de que en el Mediterráneo occidental no se ha detectado que la presencia de estos peces "haya generado problemas de competencia frente a las especies nativas", circunstancia que sí se está dando en el Mediterráneo oriental, donde en algunos casos las especies foráneas han desplazado a las nativas de la zona, lo que se ha traducido "en un cambio en las capturas de las pesquerías comerciales".

   Los cambios podrían poner en peligro la identidad de la fauna del Mediterráneo. "Puede haber especies que se vean más favorecidas o afectadas por estos cambios, porque cuando hay más especies dentro de un mismo ecosistema se producen más situaciones de solapamiento y competencia", detalla Massutí.

   El estudio ha constatado además cambios en la distribución de los peces, proceso llamado "meridianización", por el que las especies autóctonas del Mediterráneo han sufrido cambios en sus poblaciones.

   Las especies termófilas (que soportan  temperaturas más cálidas), como el pez limón o sirviola, aumentan en el mar balear, mientras las especies boreales, como el chanquete, están en clara regresión.

   Ambos efectos, "tropicalización" y "meridianización" podrían verse acelerados en el actual contexto de cambio climático, lo que requiere más investigación sobre sus implicaciones ecológicas y económicas.

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