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Mickey Rourke, el Brando que quiso y no pudo

  • Es uno de los grandes favoritos al Oscar tras ganar Globo de Oro y Bafta
  • En El luchador interpretar a un antiguo luchador de wrestling en decadencia
  • Después de años de purgatorio cinematográfico y vital, Rourke resurge
  • La ley de la calle, Nueve semanas y media o Sin City, entre sus éxitos
  • Más información en el Especial Oscar 2009

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Especial Oscar 2009: Mickey Rourke, nominado a Mejor Actor
"Podía haber tenido categoría. Podía haber disputado el título. Podía haber sido alguien, en vez de un boxeador fracasado, que es lo que soy. Afrontemos la realidad". Estas palabras del Jake La Motta interpretado por Robert de Niro en Toro salvaje encajan a la perfección con ese Mickey Rourke ascendido, ensalzado, criticado, descendido, estampado, autodestruido y que ahora nos llega resucitado por su papel en El luchador, que le ha valido la primera nominación al Oscar.

Pero no nos engañemos, resulta difícil de creer que el que se convirtiese en icono sexual de los 80 después de compartir cartel con Kim Basinger en Nueve semanas y media haya vuelto para quedarse por mucho tiempo. Al fin y al cabo, en El luchador, Mickey Rourke hace de sí mismo al interpretar a un antiguo luchador de wrestling en un proceso de aguda decadencia profesional y vital.

Nacido en un pueblo de las afueras de Nueva York en 1956, la vida de Philip Andre Rourke Jr. ha estado acompañada de golpes casi desde el principio. Primero los de su padre, luego los de su padrastro, más tarde los del cuadrilatero -pues desde los 12 años se dedica al boxeo- y casi al mismo tiempo los que intercambia con los pandilleros de Miami.

Y los de la crítica, después de haberle encumbrado por su papel en La ley de la calle, de Coppola, como el nuevo Marlon Brando (como Brando, había estudiado en el Actor's Studio de Nueva York).

Y los de la droga y el alcohol. Y de nuevo los del boxeo, que le dejan la cara hecha un cromo. Y los de una vida afectiva tumultuosa.

Un videoclip con Enrique Iglesias y la confianza de Robert Rodríguez en El Mexicano y Sin City fueron buen yodo para las heridas de Rourke, al que ningún estudio quería para protagonizar El luchador (¿no recuerda eso a un tal Brando de pelo embetunado y carrillos abultados?).

1941, Las puertas del cielo, El borracho, Orquídea salvaje... no son pocos los fracasos en la filmografía de Rourke, aunque fuesen bajo la dirección de gente como Spielberg o Cimino.

Pero esta vez es diferente. Con su papel en El luchador tenía claro desde hace meses que lograría una nominación al Oscar. Y la ha conseguido.

Pero no sólo eso. Después de ganar el Globo de Oro y el Bafta es favoritísimo para llevarse el galardón. Seguro que los académicos hollywoodienses estarán encantados de resucitar la carrera de uno de sus chicos malos, aunque sea momentáneamente y por la vía de un electro-shock en forma de estatuilla.


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