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Estado laico

España dejó de ser católica hace 75 años

El 17 de mayo de 1933, las Cortes aprobaron la Ley de Congregaciones Religiosas

"Vamos a realizar una operación quirúrgica", advirtió Azaña sobre esa reforma laica

La Segunda República dejó de financiar a la Iglesia y prohibió la enseñanza a las órdenes

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Hace hoy 75 años, las Cortes consumaron la separación de la Iglesia y el Estado republicano, un cambio demasiado radical para la España de la época, a la luz de la historia.

La Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, aprobada el 17 de mayo de 1933, desarrollaba el artículo quizá más polémico de la Constitución de la Segunda República, el 26, que puso fin a la financiación pública de la Iglesia (y de cualquier otra confesión), y limitó drásticamente su patrimonio.

"España ha dejado de ser católica", dijo allá por 1931 el entonces ministro de la Guerra, Manuel Azaña, en los debates de las Constituyentes. "El problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica e pueblo español", añadió Azaña.

La Segunda República consagró la laicidad del Estado de tal modo que obligó a todas las órdenes religiosas a someterse a una ley especial o de lo contrario sería ilegalizadas. Esa ley que cumple 75 años estableció además que los templos y residencias de toda clase destinadas al servicio del culto católico o de sus ministros, así como "los muebles, ornamentos, imágenes, cuadros, vasos, joyas, telas y demás objetos de esta clase instalados en aquéllos (...) pertenecen a la propiedad pública nacional". Solo se permitía a la Iglesia su uso para el cumplimiento exclusivo de sus fines religiosos.

También impuso a las órdenes religiosas la sumisión a "todas las leyes tributarias". Otro aspecto clave fue la prohibición de los colegios privados de curas, frailes o monjas. "A mí que no me vengan a decir que esto es contrario a la libertad, porque esto es una cuestión de salud pública", dijo Azaña.

"La obligación de las órdenes religiosas católicas, en virtud de su dogma, es enseñar todo lo que es contrario a los principios en que se funda el Estado moderno (...) Esta acción continua de las órdenes religiosas sobre las conciencias juveniles es el secreto de la situación política" de una sociedad donde la Iglesia era el agente social más influyente, consideraba el líder de Izquierda Republicana.

Azaña era consciente del trauma que iba a causar la nueva legislación, aunque difícilmente imaginaba que poco después la España que iba a presidir se sumiría en una guerra civil presentada por los propios obispos y luego por el régimen franquista como "Cruzada" (paradójicamente protagonizada por tropas moras). "Pensad, señores diputados, que vamos a realizar una operación quirúrgica sobre un enfermo que no está anestesiado y que en los debates propios de su dolor puede complicar la operación y hacerla mortal, no sé para quien, pero mortal para alguien", dijo misteriosiamente Azaña casi como colofón a su discurso.

No obstante, la aplicación de aquella ley quedó en suspenso cuando a finales de 1933 la derecha ganó las elecciones.

Lea el discurso íntegro de Azaña en 1931 sobre la reforma laica (pdf 66 Kb).