A punto de cumplirse un año del anuncio de ETA del fin de los atentados y dos desde que se cobrara sus últimas víctimas mortales, el País Vasco afronta una etapa de tranquilidad en las calles, con la "kale borroka" prácticamente desaparecida, paulatina reducción de escoltas y el cobro del llamado "impuesto revolucionario" desactivado.
Todas las miradas se centran ahora en Bildu y su posición ante la violencia y el reconocimiento a las víctimas. Al mismo tiempo, la banda terrorista se encuentra inmersa en el debate más imporante de sus 50 años de historia: dejar o no las armas.