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La incesante erupción del volcán Kilauea en Hawái mantiene en alerta a las autoridades hawaianas desde hace más de 15 días.  Desde su estallido el pasado 4 de mayo, el volcán ha triplicado sus emisiones de gases, con ríos de lava que ya han llegado al Océano Pacífico, y que amenazan con contaminar el ecosistema de la isla. El magma, al entrar en contacto con el agua del mar, envía unas partículas de cristal fino y ácido clorhídrico, que, junto a su nube tóxica, convierten este espéctaculo natural en un riesgo para la población.