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Han pasado tres años del escándalo conocido como Dieselgate, que destapó un fraude en el control de las emisiones de millones de coches en Europa y Estados Unidos. El 18 de septiembre de 2015 la agencia estadounidense del medio ambiente acusaba a Volkswagen de manipular durante años las mediciones de los gases de escape de sus vehículos diésel. El gigante alemán reconoció el fraude en 11 millones de vehículos, principalmente en Europa. El presidente mundial del grupo dimitió, dos ejecutivos fueron a la cárcel y la empresa afrontó multas y compensaciones por cerca de 30.000 millones de euros en Estados Unidos.