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La investigación es el motor para conseguir que el cáncer sea una enfermedad prevenible, curable o cronificable. Si hoy parase la investigación, en 2030 una persona moriría de cáncer en el mundo cada 1,5 segundos. De ahí la necesidad de este #WordCancerResearchDay y de la petición que, desde la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), hacen de un Plan Nacional de Investigación contra el Cáncer. Desde el Museo Reina Sofía, en el acto inaugurado por la Reina Letizia, Noemí Martínez habla con Esther Díez, responsable de comunicación de la AECC, y con Patricia Nieto, del área de investigación de esta asociación, la entidad social y privada que más fondos destina a investigar el cáncer.

¿Cómo se enseña en la universidad o en un ciclo formativo cuando la tecnología necesaria es demasiado cara o demasiado peligrosa? Teleformación y laboratorio de realidad mixta con HoloLens es un proyecto educativo ganador del Premio a la Acción Magistral 2019. Elaborado por el CIFP Los Gladiolos de Santa Cruz de Tenerife. La iniciativa busca dar solución a los problemas de formación y actualización a los que se enfrenta el alumnado en ámbitos como el biológico-sanitario. Más información en losgladiolos.es.

En los setenta llegó la llamada Ingeniería Genética, que hace posible aislar genes en el tubo de ensayo y reintroducirlos de manera estable en células y organismos, consiguiendo así su modificación genética dirigida y específica. Pronto llagaron aplicaciones biotecnológicas cuyos resultados son magníficos; por ejemplo, la producción industrial de proteínas humanas en microorganismos, para lograr docenas de medicamentos biológicos que hoy están presentes en nuestras farmacias.
Sin embargo, la llamada terapia génica -que sería la corrección de genes defectuosos que causan patologías- se revela como más compleja, se hace esperar desde las tres últimas décadas. Hay problemas para diseñar procedimientos eficaces que introduzcan el gen funcional en las células u órganos humanos, sin afectar a otras funciones. Entiendo que la gran esperanza para abordar la terapia génica de las enfermedades llamadas monogénicas, entre ellas la mayor parte de las enfermedades raras, está en las posibilidades de la tecnología CRISPR, que deriva de los hallazgos del microbiólogo alicantino Mojica. Lo más importante ahora es perfeccionar la seguridad de la técnica, para actuar solamente sobre los genes afectados en los órganos que corresponda, y no sobre otras regiones del genoma.
Dos trabajos, publicados recientemente en la revista Nature, muestran importantes hallazgos sobre las consecuencias de la modificación genética de organismos complejos. Los cambios genéticos que se introducen en células, aunque afecten con precisión a un solo gen, pueden influir en la funcionalidad de otros muchos genes o grupos de genes. Por ejemplo, las mutaciones que dan lugar a fragmentos de la proteína que cada gen codifica, pueden activar mecanismos compensatorios regulando otros muchos genes. Esta tendencia al equilibrio genético, inherente a la propia naturaleza de los seres vivos, resulta muy relevante para los estudios que se han de traducir en tratamientos genéticos.
Pero, igualmente significa que muchas propuestas eugenésicas, que abogan por cambios genéticos en el ser humano, planteando incluso la modificación técnica de nuestra naturaleza, no sólo suscitan reservas éticas sino que pueden ser un engaño con resultados inesperados.
 

Los avances en el diseño y desarrollo de medicamentos han sido constantes en los últimos 100 años. De hecho debemos a los fármacos debemos, en buena parte, el incremento de la expectativa de vida, que ha duplicado en menos de un siglo.

El denominador común de estos avances proceso ha sido conocer y aprovechar mejor el reconocimiento específico de las estructuras de la células y tejidos, por parte de moléculas que potencialmente pueden tener una acción biológica. Pero también es necesaria una Tecnología Farmacéutica, para convertir una sustancia activa en medicamento que pueda ser administrado en la forma y dosis adecuada, la única manera de que se puedan emplear en terapias eficaces.

Pero los avances no se han detenido aquí. Hoy ya se plantea el que un fármaco administrado como medicamento se dirija -exclusivamente- a aquellas células y tejidos enfermos en los que se requiere su acción, sin afectar a ninguna otra estructura. En esta línea se acaba de aprobar, para uso en humanos, un medicamento que cabe calificar como inteligente. Lo llamo así porque dirige una proteína tóxica solamente contra células cancerosas, sin afectar a las células sanas.
Es el primer tratamiento específico de un tumor de células de la sangre (neoplasia de células dendríticas plamacitoides) que se da con muy poca frecuencia pero de extraordinaria gravedad. El fármaco es ni más ni menos que la toxina diftérica, una proteína altamente venenosa para nuestro organismo. Pero el medicamento aprobado lleva la toxina unida a otra proteína (interleucina-3), que la dirige contra las células cancerosas de forma que pueda causar su destrucción. Con este tratamiento se consiguió la remisión total del tumor en un porcentaje elevado de los enfermos que fueron tratados.
Hay otros muchos tratamientos en camino basados en el reconocimiento específico de células por parte de proteínas como los anticuerpos. Todo ello se basa en un auténtico ejercicio de virtuosismo experimental, para diseñar proteínas que combinan reconocimiento biológico con una acción farmacológica curativa. El cáncer constituye una patología adecuada para actuar en este sentido, dada la variedad de tumores y la necesidad de actuar de manera específica, sólo contra las células cancerosas. El desarrollo farmacéutico, amable oyente, nos seguirá ofreciendo novedades para mejorar tratamientos existentes, o para desarrollar otros nuevos. El reto de los sistemas de salud es sostener y mantener ese desarrollo, de manera que todos puedan acceder a las terapias que necesiten.
 

¿Qué determina la longevidad de cada especie? Un equipo de investigadores españoles ha constatado que hay una relación muy clara entre lo que vive cada una y la velocidad a la que se acortan sus telómeros, las estructuras que protegen a los genes en los cromosomas.

Esta es la principal conclusión de un estudio que publica la revista PNAS, en el que los investigadores demuestran, además, que esta relación se puede expresar con una ecuación matemática, una fórmula capaz de predecir con exactitud la longevidad de la especie. Y es que, un flamenco vive cuarenta años, un ratón dos años, un elefante sesenta y una persona más de ochenta. El porqué es lo que han tratado de contestar científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) tras analizar nueve especies de mamíferos y aves.

En el Centro de Análisis Sanitarios de Madrid llevan la fotografía del ADN a soportes como una alfombra, una pared, un cuadro. Las imágenes de nuestro ADN tienen un componente estético muy potente y son susceptibles de ser trasladadas al mundo artístico. Es un regalo único.

La investigación biomédica actual plantea el que el enfermo se beneficie, cuanto antes, de lo que descubrimos en los laboratorios. Nunca como ahora hemos sabido tanto de qué causa patología, de cómo en la base de cualquier alteración que produce enfermedad, de hay cambios en los genes, disfunciones en las proteínas, alteraciones diversas que podemos detallar.