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El 9 de noviembre de 2016 la candidata demócrata a la presidencia de los EE.UU., Hillary Clinton, llamó a su rival republicano, Donald Trump, para admitir su derrota en las elecciones presidenciales de ese año. Trump, un polémico millonario que provenía de fuera del Partido Republicano, llegaba así a la Casa Blanca tras una campaña electoral en la que fue sorprendiendo a propios y extraños. Su discurso marcadamente proteccionista iba dirigido a la América más profunda, a la que no vive en las costas, un electorado que durante años se había sentido abandonado y con el que Trump supo conectar. Su victoria puso fín a las aspiraciones de Hillary Clinton, que de ganar se hubiera convertido en la primera mujer en presidir el país más poderoso del planeta.

Después de dos años de pesquisas y quinientos testigos interrogados, Muller asumió el caso para investigar dos delitos. El primero, la conspiración con Rusia. Muller considera probado que los rusos ofrecieron a Trump su ayuda en la campaña, pero no considera probado que el presidente, o su equipo, conspirasen con ellos. El segundo delito, obstrucción a la justicia. Al final, Muller, no lo declara culpable, pero tampoco lo exonera.

Los Servicios de Inteligencia estadounidenses han detectado este miércoles varios paquetes con artefactos explosivos dirigidos al expresidente Barack Obama, la excandidata presidencial Hillary Clinton, varios dirigentes demócratas y exfuncionarios del Gobierno y la cadena de noticias CNN, que ha tenido que evacuar su sede en Nueva York. La Policía está investigando el acto como una acción de "terror". 

  • RTVE.es entrevista a Luke Harding, autor de Conspiración, sobre la inejerencia rusa
  • El espionaje de la Guerra Fría, negocios millonarios, mujeres...Todo vale para "desestabilizar Occidente" 
  • El periodista ve "muy probable" que el presidente destituya al fiscal especial para la trama rusa 
  • Harding: "Estamos ante una situación extraordinaria y necesitamos revelar este tipo de historias"