Verena desde hace seis meses no puede parar de toser, es la secuela más molesta que le ha dejado el coronavirus. La joven de 16 años es una enferma de covid persistente, pero la tos no es su único síntoma. También sufre inflamación de articulaciones y dificultades para relacionarse. De hecho, la estigmatización de su tos le ha llevado a solicitar ayuda psicológica. Se estima que las secuelas y la covid persistente podría afectar al 10 % de las personas que han pasado la enfermedad.
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