Fue un destacado filósofo neoplatónico del siglo V d.C., nacido en Constantinopla en el 412 d.C. y formado en Alejandría y Atenas. Dirigió la Academia platónica de Atenas, continuando la tradición de Platón. Además de su sistema metafísico, destaca en la transmisión y reflexión sobre las matemáticas griegas. Su obra más relevante en este ámbito es el Comentario al Libro I de los Elementos de Euclides. Para Proclo, las matemáticas ocupan un lugar intermedio entre el mundo sensible y el inteligible, siendo una vía de acceso al conocimiento filosófico superior. Su obra influyó en la filosofía medieval cristiana e islámica.
Alejandro Ortega García, profesor de Matemáticas (UNED)
Fue un matemático y astrónomo griego que trabajó en Alejandría entre los siglos III y IV d. C. Es célebre por su obra Synagoge, una gran “enciclopedia” de ocho volúmenes que resume, organiza y amplía la geometría griega. Gracias a ella se conservaron resultados de autores anteriores hoy perdidos, como Euclides, Apolonio, Arquímedes o Herón. En la Synagoge aparecen también el teorema de Pappus sobre colinealidad, su teorema de centroides, base del futuro Teorema de Pappus-Guldin, y el “problema de Pappus”, que inspiró el desarrollo de la geometría analítica. Además, escribió comentarios sobre astronomía y óptica, mostrando cómo aplicar la matemática a la ciencia. Fue un puente entre la matemática clásica y la tradición medieval.
Alejandro Ortega García, profesor de Matemáticas (UNED)
Desde la antigüedad, han existido tradiciones orales en las que se habla de mitos y leyendas relacionados con procesos geológicos, como por ejemplo la gran inundación provocada por el Diluvio Universal o la desaparición de la Atlántida. En la actualidad, aún persisten muchos mitos, o simplemente bulos, relacionados con esta ciencia…
Roseburia inulinivorans es una especie de bacteria del género Roseburia, que se ha consegudo aislar en las heces humanas y se ha asociado con una mayor fuerza muscular en humanos, especialmente al envejecer. Ahora, Científicos de la Universidad de Almería y de la Universidad de Granada, junto con investigadores del Leiden University Medical Center de Países Bajos, han identificado esta bacteria intestinal, del género Roseburia, asociada con músculos más fuertes y una mejor condición física. Además, este trabajo ha arrojado unos resultados que respaldan el concepto de un eje intestino–músculo. Nos lo explica el investigador de la Universidad de Almería Borja Martínez Téllez.
James Parkinson no trabajaba en un gran hospital ni tenía un laboratorio. Era médico en su barrio de Londres. Veía pacientes todos los días y observaba con atención. Se dio cuenta de que había muchas personas mayores con temblores, con dificultad para moverse, con una postura cada vez más encorvada. Empezó a hacerse preguntas, aunque no conocía la causa de la enfermedad ni podía tratarla. Hoy la conocemos con su nombre.
Ada Lovelace nació en Londres en 1815, hija del poeta Lord Byron y de Annabella Milbanke, una mujer que decidió educarla en matemáticas para evitar que heredara el temperamento caótico de su padre. Aquella decisión creó una mente única, capaz de unir imaginación y lógica sin conflicto. Desde joven recibió formación científica avanzada gracias a figuras como Mary Somerville y Augustus De Morgan, en una época en la que las mujeres apenas podían acceder a este tipo de conocimiento.
En 1833 conoció a Charles Babbage, inventor de la Máquina Analítica, un dispositivo teórico que anticipaba el ordenador moderno. Ada no solo comprendió la máquina, sino que fue más allá que su creador. En 1843 tradujo un artículo sobre ella y añadió unas notas propias donde describía cómo programarla para calcular números de Bernoulli. Ese texto es considerado el primer programa informático de la historia.
Pero su visión fue aún más revolucionaria. Ada entendió que una máquina podía trabajar con símbolos y no solo con números, anticipando el concepto de computación general.
Murió en 1852, con apenas 36 años, pero dejó una idea inmensa: que el futuro de las máquinas no sería mecánico, sino creativo.
Minami Torishima, futuros paraísos de basura nuclear. La naturaleza a las órdenes de la defensa nacional. Calor extremo, condenados al sedentarismo o al infierno
Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879. Cuando murió, en 1955, había dejado a sus espaldas una inmensa revolución científica… y una vida privada mucho más compleja de lo que suele contarse. Un genio convertido en mito, la primera superestrella de la ciencia; icónico hasta en su imagen de sabio despistado. Pero detrás del mito, y de lo “amable”, hay mucho más.
Chien-Shiung Wu fue una de las grandes figuras de la física del siglo XX y una pionera que transformó nuestra comprensión del universo. Nació en China en 1912 en una familia que defendía algo poco común en su época: la educación de las niñas. Aquella convicción marcaría su vida. Desde muy joven destacó por su inteligencia, su disciplina y una curiosidad científica que no aceptaba respuestas fáciles.
En 1936 viajó a Estados Unidos para continuar su formación en la Universidad de California en Berkeley, uno de los centros más dinámicos de la física moderna. Allí desarrolló una extraordinaria carrera como experimentalista, una científica capaz de diseñar experimentos de una precisión casi implacable. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en investigaciones nucleares en la Universidad de Columbia y se convirtió en una de las investigadoras más respetadas de su campo.
Pero su mayor aportación llegó en los años cincuenta. Durante siglos los físicos habían creído que el universo era perfectamente simétrico, que las leyes de la naturaleza funcionaban igual en un espejo. Wu diseñó un experimento con cobalto-60 que demostró lo contrario.
Su descubrimiento cambió la física moderna. Reveló que la naturaleza distingue entre izquierda y derecha en ciertas interacciones nucleares. Aunque el Nobel fue para los teóricos que propusieron la idea, el experimento decisivo fue suyo.
Wu siguió enseñando y defendiendo el lugar de las mujeres en la ciencia durante toda su vida. Su legado es el de una mente brillante que rompió uno de los grandes dogmas del universo.
Hollywood nos ha vendido una Edad Media apestosa: gente durmiendo sobre estiércol, bebiendo de charcos y usando el mismo traje de armadura hasta que se pudriera. Pero esto es un mito, la realidad fue mucho más… limpia.
Mara Peterssen entrevista a la bióloga Xaviera Torres. Su pasión y su trabajo es divulgar la ciencia para niños y niñas, a través de libros infantiles, como ‘Cuentos con ciencia sobre el planeta Tierra’, o con pódcast como ‘Sapiensantes’, de RNE.
En 1961, el psicólogo social estadounidense Stanley Milgram llevó a cabo un experimento perturbador: con él demostró que la mayoría de las personas obedecen a la autoridad hasta límites casi inconcebibles.
Dicen que la genética no miente. Lo que no te cuenta tu familia te lo chiva un análisis de ADN. Hay una historia fascinante donde un cromosoma se convierte en la firma invisible de uno de los conquistadores más famosos de la historia: Genghis Khan.
“El beso” de Gustav Klimt es un cuadro hipnótico, donde se mezcla arte, violencia, enfermedad y ciencia a partes iguales, porque si lo miramos sin dejarnos cegar por el brillo descubriremos historias inquietantes.
El cirujano-barbero que viajó en las naos del siglo XV no era un sabio de universidad, sino un hombre práctico, acostumbrado al bisturí, al cauterio y al dolor. Había aprendido su oficio entre talleres y campos de batalla.
De las tablillas babilónicas aprendimos no solo sus remedios, sino también su modo de mirar el cuerpo humano como un espejo del cosmos, lo que sucede dentro del hombre refleja lo que ocurre en el universo.