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Núria Espert: "No puedo ser yo misma más que en el escenario"
Premios Princesa de Asturias 2016

Núria Espert: "No puedo ser yo misma más que en el escenario"

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El teatro convirtió a Núria Espert (Hospitalet de Llobregat, 1935) en otra persona: “apasionada, ambiciosa, tan entregada que consiguió que yo no pudiera ser yo misma más que en el escenario”. La actriz catalana, Premio Princesa de Asturias 2016 de las Artes, ha dedicado su discurso al arte que “se apoderó de ella” a los 13 años.

Espert, de 81 años, ha declarado sentirse emocionada por el acta del jurado quela señalaba como un nexo, por un lado entre clasicismo y modernidad, y por otro entre el catalán y el español. Y, desde el escenario del Teatro Campoamor de Oviedo, ha predicado con su palabra, al recitar en carne viva dos monólogos de Lorca y Shakespeare, “ambos clásicos y ambos contemporáneos”, uno en su original castellano y otro en su traducción al catalán.

Antes, ha compartido el galardón con la gran familia del teatro y ha recordado que el origen de su vocación teatral se remonta a su adolescencia. “El teatro se apoderó de mí a los 13 años. Me eligió. Al principio suavemente, pero en tres, cuatro años se había convertido en dueño absoluto de mi vida, de mis deseos, de mis sueños. Cada vez con más fuerza, con más exigencia”, ha explicado.

La intérprete ha remarcado la dureza de su oficio. “Mi dueño es muy duro; me he lastimado muchísimas veces tratando de servirle. Aún lo intentó. Pero él nunca dice basta, para ya, basta…”.

Y ha aparecido la actriz para recitar el monólogo del tercer acto de Doña Rosita la soltera y, para terminar, las últimas palabras del Rey Lear, que Espert ha presentado como “las últimas palabras cuerdas antes de elegir la locura como única posibilidad de soportar el dolor”.

Núria Espert: "Es un premio para el teatro"

Mónologos intepretados por Núria Espert en su discurso

Doña Rosita la soltera, de Feredico García Lorca

Me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí, pensando en cosas que estaban muy lejos, y ahora que estas cosas ya no existen sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca. Yo lo sabía todo. Sabía que se había casado; ya se encargó un alma caritativa de decírmelo, y he estado recibiendo sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aun a mí misma me asombraba. Si la gente no hubiera hablado; si vosotras no lo hubierais sabido; si no lo hubiera sabido nadie más que yo, sus cartas y su mentira hubieran alimentado mi ilusión como el primer año de su ausencia. Pero lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida y daba un aire grotesco a mi abanico de soltera. Cada año que pasaba era como una prenda íntima que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy se casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casas nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; cortando el mismo clavel, mirando las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie; muchachas y muchachos me dejan atrás porque me canso, y uno dice: ‘Ahí va la solterona’; y otro, hermoso, con la cabeza rizada, que comenta: ‘A esa ya no hay quien le clave el diente’. Y yo lo oigo y no puedo gritar, sino vamos adelante, con la boca llena de veneno y unas ganas enormes de descansar, de quitarme los zapatos y no moverme más, nunca, de mi rincón".

"Ya soy vieja. Ayer le oí decir al ama que todavía podía yo casarme. De ningún modo. No lo pienses. Ya perdí la esperanza de hacerlo con quien quise con toda mi alma, con quien quise y... con quien quiero. Todo está acabado... y, sin embargo, con toda la ilusión perdida, me acuesto, y me levanto con el más terrible de los sentimientos, que es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía..., ¿es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad? Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribundo que apretase sus dientes por última vez.”

Rei Lear, de William Shakespeare

“Pobres desamparats, on sigui que us trobeu, Vosaltres que heu de soportar els embats D’aquest temporal ferotge, ¿com us defensaran d’un temps així Els vostres caps desprotegits, Els vostres ventres famolencs O la vostra roba plena de forats? Que poc m’ha preocupat, fins ara, tot aixó!”

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