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Matias Goeritz, "La serpiente del eco, variante"
Matias Goeritz, "La serpiente del eco, variante" Colección particular

Goeritz en el Reina Sofía: La trampa emocional del espacio

  • El Reina Sofía muestra las claves de la "arquitectura emocional" de Goeritz

  • La exposición podrá visitarse entre el 12 de noviembre y el 13 de abril

  • Más de 200 obras revelan el trabajo del artista mexicano de origen alemán

  • Es la primera gran retrospectiva en España sobre Mathias Goeritz

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El artista de origen alemán Mathias Goeritz (1915-1990) llega a México en 1949 tras un periplo por distintas ciudades de España y el norte de África. El país latinoamericano superaba un momento de crisis en el que "el arte mexicano había sido un arte instrumental que intentaba cohesionar un país totalmente fragmentado como era México despues de una gran guerra civil como fue la revolucion mexicana", una expresión artística de vanguardia apoyada en "el muralismo y la gráfica, porque tenían lenguajes contemporáneos pero adpatados a públicos sin formación". 

Este es el contexto en el que Goeritz impulsa una obra que transformaría radicalmente el especio público y privado de México y de otros países, tal y como lo ha explicado a RTVE.es Francisco Reyes Palma, comisario de la exposición El retorno de la serpiente, Mathias Goeritz y la invención de la arquitectura emocional. Se trata de la primera gran retrospectiva que se organiza en España sobre el autor.

Se trata de una muestra que podrá visitarse en el Museo Reina Sofía entre el 12 de noviembre y el 13 de abril, más de 200 obras entre dibujos, maquetas, esculturas y fotografías que ilustran el concepto de "Arquitectura emocional" sobre el que Goeritz "toma un camino muy claro de poder, bien construido, y finalmente logra desplazar la vision de la modernidad del arte mexicano, que había sido patrimonio de los muralistas durante la primera mitad del siglo", detalla Reyes Palma.

Domar el espacio hacia la emoción de sus habitantes

El artista inicia esta dirección en pleno conflicto contra la arquitectura funcionalista que triunfa en el ámbito internacional, y "a la vez que actúa en México, no encuentra el apoyo de los muralistas y toma otra via que es trabajar directamente con los arquitectos, que era gente con muchos recursos y despachos grandes", apunta el comisario, y añade que "Mathias plantea una confrontación ideológica entre dos sistemas sociopolíticos y entre dos formas de concebir el arte. El arte con una función y el arte desinteresado y libre".

En este punto, "arquitectura emocional significa trabajar con el espacio e incluir dentro de la estructura del espacio ciertos elementos que lo movilizan. Que le cambian el sentido y le dan significados nuevos", afirma el responsable. Goeritz trabajará con arquitectos para proyectar la finalidad del arte, la emoción: Celosías de poesía concreta y poemas escultóricos dentro y fuera de edificios comerciales y hasta un poema concreto esculpido en una lápida. Muros, torres y pirámides se dispusieron en plazas y conjuntos habitacionales mientras sus ambientes lumínicos poblaron de vitrales las iglesias más relevantes, incluida la Catedral Metropolitana de México DF.. A la par, sus anagramas escultóricos como imagen corporativa o conmemorativa se hicieron presentes en las zonas industriales y en parques públicos.

La muestra se abre con una sección dedicada al Museo Experimental El Eco, un manifiesto y un espacio antifuncionalista donde materializó en 1953 su concepto de arquitectura emocional y en el que comienza a definirse su producción ulterior. Sobresale en este conjunto la colaboración mural de artistas como Carlos Mérida y Henry Moore, la escultopintura de Germán Cueto y la escultura del propio Goeritz: la colosal Serpiente de El Eco (1953).

Emoción, afecto y símbolos

Conocida inicialmente como Ataque, esta formidable escultura sorprendía a los visitantes del nuevo Museo en un patio abierto. En poco tiempo logró que su geometría retorcida pusiera en estado de alerta a los realistas sociales y, una década después, a los impulsores del minimalismo estadounidense que, de manera defensiva, pusieron en entredicho el carácter precursor de esa escultura transitable en la que la interacción con el público también originaba arte, a modo de performance.

Esta es la serpiente que abre y cierra la obra de Goeritz y da nombre a la muestra "no se trata de ninguna metáfora de Quetzalcoatl", aclara Reyes Palma, y puntualiza que "la nocion del retorno de la serpiente en realidad hace referencia al la estructura de la exposición misma (...) es esta lógica de la serpiente que se muerde la cola, empezando con la gran serpiente del eco y terminando con una serie de serpientes que son casi caligrafías donde de algun modo hay una identificación del artista con la figura de la serpiente".

El autor conforma el espacio con un fin, atrapar la atención afectiva, señala el comisario de la exposición: "El receptor de su arte era un sujeto a movilizar afectivamente. Tenía que producir un efecto en él. El punto de encuentro entre el artista y el receptor es el espacio".

La sombra psicológica del expresionismo alemán

El humano conmocionado tras la experiencia del arte es otra persona. Cambia. Agudiza su deseo hacia lo que le proporciona satisfacción estética o, simplemente, resetea su escala de valores y dirige sus esfuerzos hacia nuevos propósitos. Esta condición del arte como motor de cambio fue perfectamente entendida en los albores del XX. Una época de revolución en lo social y vanguardia en lo expresivo, de compromiso ideológico y de placer estético.

Si el espacio es un punto de encuentro -a pesar de lo ingenuo de la afirmación- para Goeritz, la emoción es un punto de encuentro entre el artista y el consumidor de arte. Reyes Palma reflexiona sobre la propia denominación que Mathias adjudica a su concepto: "De alguna manera venía de una herencia alemana expresionista y toma esta idea de lo emocional. Pero también contaba con la formación sensible adquirida en la Alemania del periodo de la preguerra y los primeros años de guerra en los que la parte afectiva era muy fuerte y el arte debía tener un efecto inmediato de conmoción. Eran los grandes espacios, las manifestacinoes de masas…".

Finalmente, el alemán naturalizado mexicano logrará trasladar las simbologías del país acorde al desarrollo en curso. La denuncia desde los murales da paso a la proclamación desde obras como Las Torres de Ciudad Satélite (1957). "Después de hacer el Eco construye estas torres monumentales y esas torres acabarán por convertirse en una insignia de la modernidad mexicana, suplantando las imágenes del muralismo y absorben todo el peso de la imagen del México moderno".

La retrospectiva también da cuenta del paso de Goeritz por España entre 1945 y 1949 y su papel en la dinamización de una de las vías más importantes del arte español de la inmediata posguerra, la abstracción poética, y en la creación de la Escuela pictórica de Altamira.

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