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Bong Joon-ho: "Odio que la gente vea películas en los móviles"

  • El cineasta surcoreano ha recibido la Espiga de Honor en la Seminci
  • RTVE.es entrevista al máximo exponente de la ‘decada de oro del cine coreano’

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FESTIVAL DE CINE SEMINCI
Bong Joon Ho, en la ceremonia de inauguración de la Seminci EFE pmv vmo

Algo conecta a Bong Joon-ho con España. Su debut en 2000, Barking Dogs Never Bite, fue seleccionado en el Festival de San Sebastián, donde tres años después obtuvo la Concha de Plata a la mejor dirección por Crónica de un asesino en serie. Ahora, para culminar, la Seminci le ha entregado esta semana la Espiga de Honor. Un reconocimiento a toda una carrera para un cineasta de solo 46 años, exponente de la llamada ‘década de oro del cine coreano’.

Cinco películas (y dos segmentos en dos películas de episodios) le han bastado al cineasta surcoreano para rozar la categoría de clásico viviente que se atreve a reinventar todo tipo de géneros: ya sea la con la modélica Crónica de un asesino en serie, la experimental Influenzia, la cinta de monstruos The host, la hipnótica The mother, o la ciencia ficción de Snowpierce. “Pienso en mí como un cineasta de género, estoy orgulloso de eso, está en mi ADN”, se define aunque matiza: “a uno mismo le cuesta analizarse”.

Lo primero que descubre una conversación con Bong Joon-ho es su cultura cinematográfica. Conoce bien el cine español y cita a Javier Rebollo como uno de sus cineastas preferidos de todo el mundo. “Mi cinemateca era la televisión coreana. En mi juventud veía muchas películas americanas, clásicos de Hollywood, películas chinas, y europeas también. Ya en la universidad me uní a un cineclub y me obsesionaba ver algo especial, y aprender historia del cine”, explica.

Quizá esa sea unas claves para comprender su pasmosa versatilidad. Repasando su filmografía parece esconder en su chistera todos los recursos para escoger entre diferentes estilos y ritmos. “No es una elección. Si imagino una historia o una situación que tengo que describir en la película, se revela con una determinada forma y traslado eso a la pantalla. A veces está bien, a veces mal, pero ya está ahí”, afirma. Y recuerda que en su condición de guionista y director, escribe y dibuja el storyboard al mismo tiempo.

Bong Joon-ho viene de lidiar nada menos que con Harvey Weinstein, el productor estadounidense célebre por recortar las películas que distribuye en Estados Undios. Snowpiercer no fue una excepción, aunque finalmente convenció a Harvey ‘manostijereas’. Aunque la libertad de la que disfruta en Corea del Sur es mayor, también ha aprendido a defenderse.

“Algunos productores en Corea se ponen muy nerviosos durante el primer pase, se sienten en la última fila y si durante alguna secuencia se enciende algún móvil, para ellos significa que esa escena es muy aburrida o larga. Es algo muy estúpido”, dice.

Durante la misma entrevista, Bong Joon-ho aprovecha para mirar su smartphone y escribir un par de mensajes a toda velocidad. ¿Responde Corea del Sur a la imagen de país hipertecnológico que tiene en occidente? “Una vez vi a un estudiante de instituto que veía una película en un smartphone y jugaba un videojuego al mismo tiempo. Y eso se hace también en las casas, frente a las grandes pantallas de televisión. Es extraño y muy triste. Lo odio”.

El humanizador de géneros

Pese a su versatilidad, el universo de Bong Joon-ho siempre está ahí: el costumbrismo que humaniza cualquier género, la viveza de la puesta en escena, el humor. “No estoy obsesionado pensando que tengo que hacer reír, no es intencional. En una situación seria de la vida diaria, si te centras en pequeños elementos, la situación puede ser muy hilarante. Así que pienso que es algo muy realista que me gusta expresar en las películas también”, dice.

El humor brota de unos personajes a veces no muy inteligentes, pero sobre los que proyecta un gran cariño. “Son gente sin poder, perdedores. Si yo o los espectadores tomamos un poco de distancia podemos reírnos y, al mismo tiempo, si estamos cerca nos podemos emocionar o poner tristes. Es un juego de distancia”.

Tras rodar en coreano, japonés e inglés, su universalidad parece adaptarse a cualquier lugar ¿Qué historia situaría en España? “Cuando llegué a Valladolid lo que me impactó fue las catedrales e iglesias antiguas junto a edificios modernos. Pondría un personaje en un apartamento y otro en la catedral. Algo pasa entre ellos”.

La sencilla oposición parece guardar relación con su nuevo proyecto. ”Una aventura estrambótica de una joven chica coreana de las montañas interiores en la ciudad de Nueva York”. Y, por supuesto, seguir viendo películas. El pasado sábado, Paco Roca y Carlos Vermut le entregaron la Espiga de Honor. Bong Joon-ho se quedo con el dato: “He odio muy buenas cosas de Magical Girl y quiero verla”.

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