Enlaces accesibilidad

En las entrañas del Pirulí

  • La torre de telecomunicaciones de Torrespaña se construyó en 1982
  • La técnica que se empleó en su construcción, en su cimentación, fue pionera
  • Difunde la señal de 50 cadenas de TV y 17 de radio desde sus 220 metros

Por

El Pirulí, 32 años rascando el cielo de Madrid

A ritmo de cuatro metros diarios y en apenas 45 días se levantó el fuste de hormigón que sostiene el Pirulí. La obra completa se concluyó en apenas 12 meses hasta rascar el cielo de Madrid a una altura de de 220 metros, lo que convertía entonces a Torrespaña en la novena torre de televisión del mundo en altura -la de Toronto era, y sigue siendo, la más alta del mundo con 550 metros-.

Antes de empezar a trepar en altura, en su base para la cimentación y durante 19 horas ininterrumpidas, se habían vertido 2.000 metros cúbicos de hormigón armado hasta formar una losa con un diámetro de 29,50 metros y dos metros de altura, bajo la supervisión del arquitecto de RTVE Emilio Fernández Martínez de Velasco (1940-2014), fallecido el pasado 4 de marzo. La técnica empleada fue pionera.

"Fue la primera torre que se hacía con esa tecnología en esa época y entonces fue un avance que luego se empleó en alguna más en Europa. Es lo que llamamos tentetieso; es decir, la plataforma de abajo no es que esté súper-anclada para que no se pueda cimbrear, sino que realmente el propio peso de la torre sostiene la torre", explica a RTVE.es el actual responsable de Torrespaña, propiedad ahora de Abertis, Ricardo Luján.

Aparte de ser una obra pionera que se convirtió en hito de la modernidad para una España que salía de la Transición y daba sus primeros pasos firmes en la senda democrática, el Pirulí se construyó con el cometido fundamental de garantizar la distribución de la señal de televisión del Mundial de Fútbol de España 82. Pero su historia venía de largo.

Del Mirador de Madrid al Pirulí

En el año 1966, el periódico El Alcázar promovía una campaña para que se construyese lo que vino a bautizar como el "Mirador de Madrid", una torre "que ofrezca nuevos atractivos al turismo, que acreciente con su graciosa silueta la belleza del conjunto ciudadano y sirva, a su vez, a los fines de la televisión y la radio", rezaba entonces el diario.

El entonces ingeniero jefe de los Servicios de Radiodifusión y Televisión del Ministerio de Información, Joaquín Sánchez Cordobés, aplaudía la iniciativa y sentenciaba que Televisión Española -que había comenzado sus emisiones regulares en 1956- necesitaba "urgentemente" la torre, para así poder "ofrecer en directo los reportajes de actualidad instantánea, como la llegada de un personaje a la estación del Mediodía". En su opinión, ese "Mirador de Madrid que al final se llamaría simplemente La Torre", estaría bien con una altura de 500 metros.

Tendrían que pasar 16 años, para hacer realidad ese deseo. El 17 de febrero de 1981 -seis días antes del 23-F- empezaban las obras de lo que entonces se empezó a denominar "torre de RTVE de O'Donnell" y que, antes de estar levantada, los madrileños ya llamaban el "pirulí". El día de la presentación a la prensa de la torre terminada, el 3 de marzo de 1982, el entonces director general de RTVE, Carlos Robles Piquer, comunicaba que se había bautizado como "Torre España". Costó 350 millones de pesetas -unos 2,1 millones de euros-, la ejecutraron Dragados y Agroman y fue inaugurada por los reyes el 7 de junio de 1982, aunque estaba operativa desde la noche del 18 de mayo.

Se llegó a barajar la idea de instalar un restaurante giratorio en la torre, como ocurre en las torres de televisión de otras capitales europeas, como la de Berlín, pero se acabó rechazando por razones de seguridad y económicas, pues habría costado 1.500 millones de pesetas, unos 9 millones de euros -ese mismo dinero era el que costaron los terrenos junto a la M-30 donde se edificó, una zona entonces alejada del entorno urbano-.

Para qué sirve el Pirulí

Al empezar a funcionar, Torrespaña servía como centro principal de la red de radioenlaces de RTVE, era el punto base para la retransmisión de los enlaces móviles desde Madrid y garantizaba la cobertura de radio y televisión en el área sur de Madrid -afectada por la vaguada del Manzanares-.

32 años después, sus funciones han evolucionado, además de haber cambiado de propietarios: perteneció a RTVE hasta 1989, para pasar a formar parte luego de Retevisión y acabar perteneciendo a Abertis desde 2003.

El Pirulí cumple básicamente tres funciones, según explica su responsable. La primera, difundir la señal a toda la Comunidad de Madrid (unos 6 millones de habitantes) de prácticamente todas las televisiones y las radios generalistas -si en 1982 emitía dos programas de televisión y cuatro de radio, ahora son alrededor de 50 televisivas, 17 de radio FM y 20 transmisiones de TDT-; la segunda es distribuir las señales a toda la red de Abertis en el territorio nacional (más de 3.000 estaciones) para que sean difundidas en otros puntos -a todo el mundo-; y, por último, ser acceso para incorporar a la red a otros clientes por la altura de Torrespaña, una función "en auge".

Y, no. En la torre no hay platós de televisión. Estos están en los dos edificios que conforman el complejo de Torrespaña a la sombra de la torre y propiedad de RTVE, donde están instalados los servicios informativos de TVE desde 1983.

En las entrañas de Torrespaña

La torre tiene ocho plantas, cuatro cerradas y cuatro abiertas, en las que se distribuye equipamiento técnico, servicios auxiliares y alrededor de 250 antenas fijas y móviles. Hasta casi los 150 metros hay gente trabajando y a partir de los 165 metros son anillos de hormigón con estructura para poder instalar enlaces y antenas que rematan con una torre de metal hasta los 220 metros, una altura equivalente a un edificio de 64 plantas y que fue el techo de Madrid durante 25 años, hasta que se construyeron las Cuatro Torres de la Castellana -en 1991 la había arrebatado el título de torre más alta de España la torre de comunicaciones de Collserola de Barcelona, diseñada por Norman Foster y de 288 metros-.

En total trabajan 16 personas a turnos, de forma que "siempre hay gente las 24 horas del día", capacitada para "solventar cualquier contingencia", explica Luján, máximo responsable del Centro Emisor de Torrespaña desde 2012, aunque trabaja allí desde 2006, antes como responsable de la Unidad de Mantenimiento. El personal se ocupa "prácticamente de todo", desde el mantenimiento básico de la infraestructura a cualquier trabajo de telecomunicaciones.

El corazón de Torrespaña se encuentra en la tercera planta y para llegar a él hay que, o subir 1.200 peldaños de una escalera, o invertir 1 minuto y 50 segundos en un eterno trayecto en ascensor, ambos en el interior hueco del fuste de hormigón, cuyas paredes tienen un espesor de 60 centímetros en la base que se va reduciendo a 40 a medida que gana altura. Antes de cambiar el motor del ascensor, se tardaba casi un minuto más en cubrir el trayecto -"...hay tiempo de sobra, incluso, para sentar las bases de amistades duraderas con eventuales compañeros de viaje", decía el arquitecto del Pirulí de la experiencia del ascenso a la torre en el elevador-.

Un inmenso panel con decenas de pantallas ocupa la sala de control en la estancia central en las que pueden verse, y supervisarse, las señales que emiten todas las televisiones generalistas, además de algunas regionales y locales, y las emisiones de radio.

A prueba de viento, nieve y fuego

En sus más de tres décadas de vida, el Pirulí solo ha tenido un apagón. Fue el 28 de agosto de 2002 y Madrid se quedó sin televisión durante unas tres horas después de que se declarase un incendio en la torre.

"Desde entonces la inversión ha sido tremenda. Prácticamente hemos duplicado y triplicado los sistemas de protección", asegura Luján, de forma que está prácticamente garantizado que no podrá volver a producirse un apagón de esas características.

Además, la torre en sí está construida para soportar "una tremenda cantidad de peso, muy superior a la que podemos concebir viendo los equipos que están dispuestos en las plataformas", y vientos de hasta casi 200 kilómetros por hora, circunstancias que nunca se han producido en Madrid. Ahora, cuando sopla fuerte el viento, la torre oscila "más de un metro" -en la punta de la antena- para que no se parta y "eso se nota y hay mucha gente que se marea", revela Luján.

Pero son pocos los "afortunados" que pueden sufrir ese mareo en las alturas, porque el acceso a esta torre está totalmente restringido al personal de Torrespaña y al de algunas subcontratas externas que se ocupan de tareas de mantenimiento muy específico. En contadas ocasiones abren sus puertas a la prensa, cuya curiosidad por descubrir lo que se cuece dentro de este búnker no ha decaído en estos 32 años.

En esos 32 años, este Pirulí que acaba de quedar huérfano, tampoco ha perdido su atractivo visual y su silueta sigue siendo vanguardista y símbolo distintivo del cielo madrileño.

"Yo creo que es muy actual. De hecho, sigue estando presente en escaletas de informativos, programas, documentales, incluso souvenirs… sigue estando muy actual en todos los ámbitos, mientras que eso sea así, y tenga el sentido técnico que tiene, le veo futuro", concluye Luján, el capitán de la atalaya.