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Crimea, una joya militar en el Mar Negro

  • La mayoría de la región es de etnia y lengua rusas
  • Su importancia radica en la flota que Rusia mantiene en Sebastopol
  • Ha abierto un camino a la secesión tras la caída del presidente Yanukóvich

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Crimea, una joya estratégica rusa dentro de territorio ucraniano

William Howard Russell observará con atención desde donde esté cómo Crimea vuelve a convertirse en una encrucijada de la historia. Él ya lo vivió y lo contó en primera persona en 1854 cuando el enfrentamiento entre el Imperio Ruso y una alianza formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio Otomano le encumbró como el primer corresponsal de guerra de la historia.

No hay tambores de guerra en el Mar Negro esta vez, pese al movimiento de tropas rusas en algunas regiones fronterizas con Ucrania. Occidente y Rusia miran a la que un día fue la perla de la corona del Imperio Ruso, una joya estratégica que reluce al albor del conflicto en Ucrania. ¿Cuál es la importancia de Crimea?

Rusos con DNI ucraniano

A pesar de formar parte de Ucrania, la mayoría de los ciudadanos de Crimea son étnicamente rusos. En concreto un 58%, frente a un 32% de ucranianos y un 10% de tártaros, según el último censo nacional de 2001.

La región, de 26.100 kilómetros cuadrados y dos millones de habitantes, perteneció a Rusia desde 1774 hasta hace solo 60 años. En 1954, Nikita Kruchev, entonces primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, la traspasó a Ucrania, que era una de las repúblicas soviéticas. Para entonces ya se había producido la purga de la etnia que históricamente había sido mayoritaria, los tártaros, acusados de colaboracionismo con los nazis y deportados por Stalin hacia Asia central. En 1947 ya no quedaban tártaros en la región, pero tras la caída de la URSS muchos regresaron de las estepas de Uzbekistán a Crimea.

La estratégica flota rusa en el Mar Negro

La Unión Soviética primero y Rusia después mantuvieron en Crimea la base principal de su flota en el Mar Negro, en la ciudad de Sebastopol. Tras la desintegración del imperio soviético, Rusia no reconoció la soberanía ucraniana sobre Sebastopol, con el argumento de que el puerto estaba sujeto al estatus de base militar y, por tanto, jamás se había integrado en Ucrania. Finalmente, tuvo que reconocer la soberanía de Ucrania sobre todo el territorio.

El control de las aguas del Mar Negro y el Mar de Azov, que bañan la península, ha sido clave para Moscú desde la época de los zares, pues así domina el este de Europa y el oeste de Asia.

Según el último acuerdo firmado con el gobierno ucraniano, Rusia mantendría la base de Sebastopol hasta al menos 2042. En términos geoestratégicos no quiere ni puede permitirse perder este puerto. Es su única salida al mar Mediterráneo. 

Pero Ucrania tampoco está dispuesta a perder esta región. Y la OTAN ha pedido contención a Rusia y transparencia sobre los movimientos de sus tropas en algunas regiones rusas fronterizas con Ucrania. Moscú ha movilizado a unos 150.000 soldados y los cazas rusos están en alerta de combate, con patrullas aéreas en las zonas fronterizas.

Camino a la secesión

El asalto de un grupo armado prorruso a los edificios gubernamentales de Simferópol la pasada madrugada y la "ocupación" de los dos aeropuertos principales de la región este viernes han disparado la tensión. Partidarios de Rusia, por un lado, y de las nuevas autoridades de Kiev, especialmente tártaros, por el otro escenificaban este miércoles la división sobre el cambio de gobierno liderado por la oposición este fin de semana.

Una división que se repite en un país partido en dos: la mitad oeste habla ucraniano y es mayoritariamente proeuropea y nacionalista; el este y sur del país hablan ruso y quieren mantenerse en la órbita rusa. 

Sin embargo, incluso en Járkov, la región natal de Yanukóvich identificada siempre como prorrusa, el 54% de la población identifica el ucraniano como su lengua nativa. En Donetsk, más el este, tres cuartas partes son rusohablantes, pero fuera de la ciudad principal el idioma que se escucha es el ucraniano. Esto significa que la separación etnolingüística no es tan uniforme y que cualquier intento de división del país encontraría más resistencia de la que, a juzgar por los mapas cabría esperar.

¿Y en Crimea? La caída del prorruso Víktor Yanukóvich ha provocado que se encamine a dar los primeros pasos hacia la secesión, pese a ser la única region autónoma con su propia Constitución. Su Parlamento ha anunciado un referéndum para decidir su futuro el próximo 25 de mayo, coincidiendo con las elecciones presidenciales ucranianas.

Las opciones son tres: seguir formando parte de Ucrania, integrarse en Rusia, o declarar su independencia. De celebrarse la consulta, un cambio en el estatus de la perla del Mar Negro podrá tener consecuencias imprevisibles. Corresponsales y, esperemos, esta vez no de guerra estarán allí para contarlo.

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