Afganistán se juega su futuro otra vez en Bonn

  • La comunidad internacional medirá su compromiso con el país asiático
  • Se reúnen los ministros de Asuntos Exteriores de 90 países, entre ellos España
  • Pakistán ha boicoteado la conferencia y no enviará a su ministro de Exteriores
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PILAR REQUENA 

Hace diez años, justo un día como hoy, 5 de diciembre, se firmaba el “Acuerdo de Bonn”, después de varios días de frenético trabajo diplomático entre las distintas delegaciones afganas, las Naciones Unidas y los países donantes presentes en la ciudad alemana. Era entonces corresponsal de TVE en Berlín y me tocó cubrir aquel histórico acontecimiento. No era mi primer encuentro con Afganistán, desde Madrid, había seguido durante años los terribles sucesos en el país asiático: retirada de los soviéticos, guerra civil, ascenso de los talibanes….Y no fue el último.

Se llamó conferencia interafgana aunque todo se hizo con la supervisión y el visto bueno de la comunidad internacional, bajo los auspicios de las Naciones Unidas. En mi libreta de notas he visto anotado en varias ocasiones el “si no hay acuerdo, no hay dinero”. Había urgencia de que de Bonn saliese lo antes posible un pacto y un calendario para la reconstrucción política del país y un gobierno de transición. De Bonn 2001 salió el Afganistán post-talibán.

En aquella conferencia de Bonn, no había talibanes –habían sido derrotados por los norteamericanos–, ni una representación fuerte de los pastunes, la etnia mayoritaria que tradicionalmente rige los destinos del país. La Alianza del Norte ocupó 17 cargos del gobierno transitorio, entre ellos los más importantes: Defensa, Interior, Información y Asuntos Exteriores. También recibió tres de las cinco vicepresidencias. No en vano fueron sus combatientes los que hicieron el trabajo sobre el terreno a los norteamericanos. Y a Hamid Karzai –que no estaba en las quinielas y mentideros de la prensa– lo presentaron como un combatiente pastún que todavía luchaba en el frío frente de Kandahar contra los talibanes. Nos contaron que había dado el ‘sí’ al cargo de presidente del gobierno de la transición en una llamada por teléfono satelital a sala de la conferencia. Y todo estuvo envuelto en una cierta aureola de heroísmo.

El acuerdo de Bonn hacía un llamamiento a la formación de un gobierno amplio, con presencia de mujeres, multiétnico y representativo, y a la creación de una Comisión Independiente de Derechos Humanos y preveía elecciones presidenciales y parlamentarias y una nueva Constitución. Era también un pacto entre la comunidad internacional y los afganos por el que ambas partes tenían que conseguir resultados. Pero el problema residía en el mismo acuerdo. Los vencedores habían luchado unos contra los otros, al igual que lo habían hecho contra los talibanes. Y no se firmó ninguna paz, ni ningún alto el fuego, entre otras cosas porque los vencidos no estaban presentes.

Más de 90 países y organizaciones

Los norteamericanos dieron el poder a los señores de la guerra que habían luchado en la contienda contra la Unión Soviética en los 80 para luego enzarzarse en una guerra civil durante la que unos y otros cometieron atroces crímenes, que hoy todavía no han sido juzgados. Y obligaron a la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, formada fundamentalmente por tropas europeas, a quedarse en la capital. Mientras, ellos y los señores de la guerra de su elección campaban a sus anchas en las zonas rurales, sobre todo en el sur y el este del país. Fueron los primeros de muchos errores de la comunidad internacional en Afganistán. La guerra de Irak, que sería el mayor, provocó el desvío de recursos urgentes y necesarios en el país asiático.

Hoy, diez años después, los talibanes y la insurgencia, los señores de la guerra, la corrupción, el tráfico de drogas son los principales problemas y están interrelacionados. Ha habido, sin duda, avances en algunos campos, pero no se han cumplido las promesas de la construcción de un estado de derecho y la consecución de la seguridad, la estabilidad, la prosperidad y el respeto de los derechos humanos, sobre todo los de las mujeres.

Los afganos esperaban ayuda urgente e infraestructuras, pero la comunidad internacional se centró en modernizar las instituciones, introducir principios como la participación, la igualdad de sexos o el buen gobierno. La población, necesitada y harta de guerra, esperaba bienestar, infraestructuras, sanidad, empleo, educación, etc…Se prometió demasiado, más de lo que realmente se podía conseguir, y los afganos se crearon también demasiadas expectativas.

La Conferencia de Bonn de 2011, a la que asisten representantes de más de 90 países y organizaciones, medirá el compromiso de la comunidad internacional con el país asiático más allá de la prevista retirada de las tropas extranjeras de la ISAF que se espera se complete para el 2014. Las conversaciones se centrarán en qué hacer en esta fase de transición hasta el repliegue, en el proceso de reconciliación en el país y las negociaciones con los talibanes. Afganistán sigue siendo uno de los países más pobres del mundo a pesar de los miles de millones invertidos.

Ayuda económica hasta 2024

Hay que establecer los compromisos y tareas para el Afganistán pos- ISAF y con bastante probabilidad pos-Karzai. En declaraciones al semanario alemán Der Spiegel, el presidente afgano ha dicho que el repliegue colocará a Afganistán “más que nunca en el frente de la lucha contra el terrorismo” y que si se pierde esa batalla, se retornará a la situación anterior al 11-S. Y ha pedido ayuda económica a la comunidad internacional hasta al menos 2024.

Existe un consenso bastante amplio entre la comunidad internacional en torno a dos cuestiones: la guerra contra los talibanes no se puede ganar y todas las tropas extranjeras quieren salir lo antes posible. Y Afganistán debe ser estabilizado internamente de tal forma que después de 2014 no caiga en una guerra civil o en el caos.

Esta vez en Bonn solo habrá una delegación afgana y tampoco estarán los talibanes, aunque se había especulado con su presencia. Hay escepticismo sobre los resultados de esta conferencia. Los nubarrones se han posado sobre ella ya antes de su celebración. Pakistán la ha boicoteado en respuesta a la muerte de más de 20 de sus soldados en el ataque de la OTAN a un puesto de control en la frontera afgano-paquistaní hace unos días. Y es fundamental solucionar el problema del ‘santuario’ en Pakistán porque este país es clave en la región. Irán sí acude, en medio de tensas relaciones con los países occidentales, en especial con Estados Unidos, uno de cuyos aviones espías no tripulados fue derribado por Irán en su espacio aéreo.

Todo esto no ayudará a encontrar una salida al conflicto afgano que, sin duda, necesita una solución regional. Y no hay que olvidar que los talibanes se han fortalecido en esta década desde 2001. Una retirada a destiempo, sin una perfecta preparación y sin un adecuado traspaso de la seguridad a las fuerzas afganas sería un grave error, que puede abrir la puerta a una guerra civil o al regreso de los talibanes. La comunidad internacional está atrapada en el avispero afgano. Si no hay una perspectiva clara de la política de Estados Unidos sobre la retirada y las conversaciones con los talibanes, y un compromiso claro de Pakistán, la violencia continuará, el país asiático seguirá en un callejón sin salida y la comunidad internacional atrapada en el avispero afgano. Y reuniones como la de Bonn poco puede solucionar, si la situación que las rodea no cambia, ni mejora.

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