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El nido mide cerca de un metro de diámetro y alberga los restos de 15 ejemplares
El nido mide cerca de un metro de diámetro y alberga los restos de 15 ejemplares

Descubren un nido repleto de fósiles de dinosaurios recién nacidos

  • Los restos tienen una antigüedad de 70 millones de años

  • El interior alberga los fósiles de 15 crías de Protoceratops

  • Puede aportar pistas sobre el comportamiento de los primeros dinosuarios

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Un equipo de investigadores ha descubierto un nido con los restos fósiles de 15 crías de dinosaurio en su interior que quedaron enterrados por un desprendimiento de tierra cuando todavía estaban vivos, según publica Journal of Paleontology.

El descubrimiento sugiere que los 'bebés dinosuario', del género Protoceratops, fueron criados en el interior del nido y recibieron la atención de sus progenitores en una cueva de la región de Tugrikinshire, Mongolia, donde han sido localizados.

Hasta la fecha un gran número de huevos se habían asociado con otras especies de dinosuarios, como los Oviraptor o ciertos Hadrosaurios -conocidos como dinosaurios de 'pico de pato'-, pero el hallazgo de múltiples ejemplares juveniles en un mismo nido no suele ser habitual.

El nido mide cerca de un metro de diámetro y era redondo, con forma de cuenco

El responsable de la investigación, David Fastovsky, ha reconocido que no asocia "ninguna otra especie de dinosuario que conserve 15 crías en su nido de esta manera", en declaraciones recogidas por Discovery News.

Tras analizar los restos del descubrimiento, los paleontólogos concluyeron que el nido medía cerca de un metro de diámetro y que era redondo, con forma de cuenco.

Rasgos juveniles

Todos los restos fósiles muestran las características de ejemplares juveniles, como el hocico corto o unos ojos proporcionalmente grandes respecto a la cabeza, y no tenían, por ejemplo, los grandes cuernos que poseían los ejemplares adultos de la especie.

El nido y su contenido implica, según los investigadores, que las crías de Protoceratops permanecieron y crecieron en su nido durante al menos las primeras etapas de su desarrollo, y que fueron atendidos por sus padres, como demuestra la distribución del nido.

El gran número de crías, sin embargo, también sugiere que la mortalidad de ejemplares juveniles era alta, no solo como consecuencia de la depredación, sino también por un entorno potencialmente estresante, aseguran los expertos.

"Las garras de gran tamaño pueden haber sido una manera de asegurar la supervivencia de los animales en ese entorno, incluso aunque contaran con la protección de sus progenitores", concluye Fastovsky.

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