La prima de riesgo o el círculo vicioso de la desconfianza

  • Los mercados penalizan a los países ante la posibilidad de que no paguen
  • La prima de riesgo indica hasta qué punto asciende esa desconfianza

Ver también: Especial sobre la crisis de deuda pública en Europa

DANIEL FLORES - MADRID 

La prima de riesgo se ha convertido en el indicador fundamental para seguir la crisis de la deuda pública, al medir el nivel de desconfianza en los distintos países de los mercados financieros, un tipo muy especial de mercado cuyas claves se detallan a continuación.

¿Cómo se financian los países?

A grandes rasgos, los Estados funcionan de manera muy similar al de las familias o las empresas: cuando una familia gasta más de lo que ingresa o quiere acometer un gasto muy elevado, como la compra de una casa, pide dinero prestado. Los estados disponen de los ingresos que les proporcionan los impuestos, pero habitualmente recurren a financiación ajena, ya sea porque gastan demasiado o porque pretenden, por ejemplo, poner en marcha una gran infraestructura.

En los últimos dos años, las necesidades de financiación de los países han aumentado, por una doble vía: la crisis financiera ha reducido lo que ingresan a través de los impuestos y sus gastos han aumentado, ya que han puesto en marcha planes de estímulo económico (desde los rescates a la banca hasta las ayudas para comprar coches) y además deben pagar más por los denominados estabilizadores automáticos, como el subsidio de paro, que están fijados por ley.

¿Cómo captan el dinero que necesitan?

Los países emiten títulos de deuda, que tienen distintos plazos de vencimiento y un tipo de interés con el que remuneran al inversor que adquiere la deuda. Esas emisiones se realizan en forma de subastas, de forma que los inversores ofrecen un tipo de interés, de menor a mayor, y el país va vendiendo hasta que consigue el dinero que desea o el interés es demasiado alto.

Así, el Tesoro Público español diseña cada año un calendario de subastas de diferentes tipos de deuda: letras a tres y seis meses, bonos a tres y cinco años y obligaciones a 10, 15 y 30 años. Cuanto mayor es el plazo de vencimiento, es decir, el período en el que el país debe devolver el dinero, mayor es el tipo de interés que paga al inversor; sin embargo, el interés no varía después de la emisión: es el mismo durante toda la vida del bono.

En este mercado primario de deuda, quienes adquieren la deuda son los denominados inversores institucionales, en esencia grandes bancos y fondos de inversión. Con todo, esos bancos y fondos operan con el dinero que depositan muchos inversores indirectos de todo el mundo.

¿Qué es la prima de riesgo?

Aunque el interés que paga el Estado cuando vende un bono no cambia tras la emisión, existe un mercado secundario de deuda en el que los inversores compran y venden títulos de deuda, por lo que el precio (el tipo de interés) varía.

En el mercado secundario europeo, el titulo de referencia es el bund, el bono a 10 años que emite Alemania, ya que el Estado alemán se considera un pagador seguro y sin riesgos: el inversor está convencido de recuperar el dinero que presta. Sin embargo, el resto de países deben ofrecer a los inversores una mayor remuneración, un tipo de interés más alto, para que asuman el riesgo de tener un bono suyo, en lugar de comprar deuda alemana.

Esa prima de riesgo o diferencial de deuda es el que aumenta. Sin embargo, eso no implica que el Estado pague ese diferencial: paga solo el tipo de interés que acordó en la emisión de la deuda.

¿Por qué varía la prima de riesgo?

Por diversos factores, aunque todos se resumen en la confianza que tengan los inversores en que recuperarán su dinero: las expectativas futuras de los inversores determinan el precio que exigen por arriesgarse a invertir. De este modo, una previsión desfavorable sobre el crecimiento de un país indica menos ingresos en el futuro y menos recursos para pagar las deudas, lo que eleva la prima de riesgo. Por el contrario, un recorte de los gastos o un mes de creación de empleo mejora las perspectivas de recuperar lo invertido y los intereses.

En ese sentido, los inversores penalizan especialmente la falta de transparencia, de ahí los esfuerzos por facilitar información de las autoridades europeas, como las pruebas sobre la solvencia de la banca. Un inversor puede optar o no por asumir el riesgo, pero lo que no tolera es la incertidumbre.

Evidentemente, también hay inversores que especulan para que la prima de riesgo aumente y obtener así mayor beneficio, por ejemplo, con las denominadas ventas a corto, que consisten en pedir prestado un título a cambio una comisión, venderlo con la esperanza de que baje de precio y recomprarlo más barato para ganar la diferencia.

¿Cómo afecta a la economía?

El aumento de la prima de riesgo no afecta a la deuda ya emitida por un país, pero influye en la deuda que emita esos días: la desconfianza que representa se traslada al mercado primario de deuda y los inversores institucionales exigirán un mayor tipo de interés en las próximas subastas.

Además, también influye en los bancos del país -habitualmente, grandes tenedores de deuda pública de su gobierno-, que deberán pagar más intereses cuando traten de conseguir dinero en el mercado interbancario. A partir de los bancos, se distribuye en cascada por toda la economía: cuando las familias o las empresas acudan a pedir créditos, tendrán que pagar también más intereses.

Esta situación se agrava en un contexto de falta de liquidez como el actual: los países, los bancos, las familias y las empresas compiten por la financiación, lo que también eleva al alza los tipos de interés. España, en concreto, arrastra una deuda privada mucho mayor que la pública (en torno al 120% del PIB, frente al 45% de la deuda pública), lo que eleva su riesgo.

¿Cómo se detiene la espiral alcista?

En pocas palabras, recuperando la confianza de los inversores. Estados Unidos tiene unos problemas similares a los de España (estallido de la burbuja inmobiliaria, elevado desempleo, abultado déficit público), pero los inversores están seguros de que pagará y hasta hace muy poco no han penalizado sus emisiones. Sin embargo, las dudas están alcanzado incluso a la primera economía mundial, que ya ha iniciado el camino de los recortes.

Los países de la zona euro, además, no tienen capacidad para devaluar su moneda e inyectar liquidez -como ha hecho la Reserva Federal comprando deuda-, puesto que dependen del Banco Central Europeo. Por el momento, los inversores no perciben que la autoridad monetaria europea esté por la labor de poner a funcionar la máquina de hacer dinero, así que los países están al albur de quienes les prestan dinero.

Así las cosas, la credibilidad se está intentando ganar realizando ajustes del gasto, pero los recortes frenan el crecimiento, lo que implica más problemas para pagar la deuda y, a largo plazo, nuevas dudas sobre la solvencia. El círculo vicioso de la desconfianza.

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