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Gas pizarra, ¿un bálsamo contra el recalentamiento del mercado energético?

  • Los expertos creen que no bajará el precio de la energía, pero lo estabilizará
  • Calculan que las reservas superan los 457.000 millones de metros cúbicos
  • Crecen los temores sobre los riesgos medioambientales de su explotación

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Esquema geológico de los recursos de gas pizarra
Los yacimientos de gas pizarra se localizan en lugares donde también existen bolsas de gas convencional, metano o petróleo.

¿Qué es el shale gas o gas esquisto?

Es un gas natural que no aparece almacenado en bolsas, como el gas convencional, sino enquistado dentro de bloques de rocas sedimentarias formadas a partir de materiales orgánicos.

¿Cómo se extrae?

A partir de los pozos abiertos para explotar el gas convencional, se perfora en horizontal a lo largo del bloque rocoso que contiene el gas esquisto. Las paredes de esas perforaciones se cubren con cemento para aislarlas de los acuíferos y del terreno.

A través de esas conducciones horizontales se introduce una válvula que rompe el cemento y las rocas con pequeñas detonaciones eléctricas. Después, se inyectan entre 4 y 10 millones de litros de agua, mezclados con arena y aditivos que permiten mejorar la suspensión de los granos arenosos en el agua.

Ese líquido se cuela hasta la última fractura abierta en la roca, cargándose con el gas confinado. Esa mezcla vuelve a salir al exterior. Los granos de arena introducidos con el agua se quedan encajados en las grietas y las mantienen abiertas para que el gas pueda seguir escapando de las rocas.

Atrapado a bastante profundidad, confinado en grandes bloques de rocas sedimentarias arcillosas originadas por la acumulación de material orgánico, se esconde un gas natural clasificado como no convencional. Es el shale gas -traducido al español como gas pizarra o, más correctamente, gas esquisto-, que ha despertado grandes expectativas en el sector energético mundial, después de que el comienzo de su explotación en Estados Unidos haya reducido a la mitad los precios del gas en su mercado nacional.

“Si EE.UU. cubre parte de sus necesidades energéticas con gas pizarra y deja de demandar tanto gas convencional, al caer la demanda, el precio del gas caerá”, explica a RTVE.es Pedro Linares, economista y miembro del Observatorio de la Energía y Sostenibilidad. El shale gassí puede evitar la hiperinflación de la energía”, nos aseguran también directivos de Repsol.

Sobre todo si se tiene en cuenta que China se ha lanzado en picado sobre esta nueva fuente energética: sus petroleras estatales han firmado ya varias uniones temporales con empresas de EE.UU. para aprender la tecnología desarrollada para la explotación de los yacimientos de gas esquisto.

Su propósito sería aplicar ese saber-hacer en la extracción del billón de metros cúbicos que el Centro Chino de Investigación Estratégica para el Petróleo y el Gas calcula podría haberse localizado en el gigante asiático de aquí a 2020. Esto permitiría a Pekín ampliar su uso de gas y sustituir en parte al carbón en las centrales térmicas (la quema de gas natural emite la mitad de dióxido de carbono que el carbón).

Reservas globales iguales a 150 veces el consumo anual

Según las previsiones de 2011 de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Estados Unidos posee 2.552 billones de pies cúbicos (Tcf), es decir, más de 70.500 millones de metros cúbicos de potenciales recursos de gas natural. De ellos, 0,82 Tcf serían de gas esquisto, más del doble de lo que se estimaba en 2010. Con la tasa de consumo actual, esas reservas de gas natural cubrirían el suministro doméstico estadounidense los próximos 110 años.

En la actualidad, el gas natural supone casi una cuarta parte del consumo energético estadounidense, pero el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) predijo en junio de 2010 que el gas natural pasará a suponer un 40% del total de su mercado energético en 2050.

Dentro del consumo total de gas en ese país, el gas esquisto supuso el 14% en 2009. En 2010, ese porcentaje ha aumentado hasta un 26% y en 2035 –según las previsiones de la AIE- se espera que llegue al 45% del gas natural consumido en ese país.

Como muestra de cómo se ha disparado la explotación en ese país se puede tomar el número de pozos de explotación en Pennsylvania, que pasarán de los 6.400 permitidos en la actualidad a los más de 50.000 que se prevé estén funcionando dentro de 20 años.

A nivel mundial, se estima que la reserva extraíble es de 16.200 billones de pies cúbicos (457.600 millones de metros cúbicos), más de 150 veces el actual consumo mundial anual de gas. Esas cifras han atraído al nuevo negocio a los principales gigantes petroleros mundiales: Total, Exxon Mobile, Shell, Petrobras o Repsol.

Desde hacía décadas se sabía que existía ese tipo de gas en muchas de las zonas donde se habían localizado bolsas de gas convencional, pero su explotación no era rentable porque se encuentra disperso por áreas muy amplias, su concentración es menor y no basta con una perforación convencional para poder extraerlo sino que requiere una estimulación artificial para sacarlo de dentro de las rocas. (Ver recuadro)

Un nuevo método de extracción abrió el camino

Esas desventajas parecieron esfumarse cuando, tras 20 años de pruebas, la pequeña petrolera estadounidense Mitchell dio con un método de estimulación lo suficientemente barato: la fracturación hidráulica. Después, se perfeccionó el sistema al combinar ese descubrimiento con la perforación horizontal.(Ver recuadro)

“El avance tecnológico logrado en EEUU ha conseguido reducir los costes y hacer la extracción eficiente”, cuentan a RTVE.es los expertos en tecnología de Repsol, uno de los gigantes petroleros interesados en este nuevo recurso.

La explotación realizada en territorio estadounidense “ha permitido que caigan los precios hasta los 4$ por cada MBtu [millón de Btu, una unidad térmica de origen británico utilizada en el mercado del gas; cada Btu equivale a 252 calorías o poco más de un julio], cuando en Europa están cerca de los 8$”, añaden esas fuentes.

Además del nuevo método de extracción, el secreto de la rentabilidad de la producción en EEUU se debe a que, en las zonas explotadas hasta ahora (sobre todo, la cuenca Barnett en Texas y la Marcellus en Pennsylvania, cuyo tamaño es equivalente al de toda Grecia), ya se contaba con las instalaciones de los pozos porque se había extraído gas convencional.

Yacimientos en Argentina y Europa del Este, pero no en España

Hasta ahora se han localizado importantes yacimientos de rocas sedimentarias con de gas esquisto en Argentina, Canadá, el Este de Europa (Polonia, Rumanía, Bulgaria), Marruecos y Argelia.

En cuanto a España, técnicos del Instituto Geológico Minero han explicado a RTVE.es que el tipo de rocas que contiene entre sus vetas ese gas no convencional (las denominadas pizarras bituminosas) casi no existe.

Sólo se han localizado pequeños bloques en algunas zonas de La Mancha y País Vasco, que ya fueron explotados en la posguerra para obtener un aceite que alimentaba los rudimentarios gasógenos que movían ciertos vehículos.

Repsol está realizando pruebas en una formación rocosa de la Cuenca Neuquina en Argentina. Allí, un reciente descubrimiento de gas esquisto ha elevado en un tercio todas las reservas de gas del país latinoamericano.

“Estamos en proceso de pruebas, perforando y analizando la productividad de los pozos. Es un trabajo de inversión intenso porque, para reducir costes y riesgos medioambientales, se sacan entre 8 y 16 pozos de cada perforación”, nos explican los expertos de la petrolera española, antes de añadir que, “fuera de Argentina, el tema de precios nos da un poco de miedo”.

El precio del gas y el coste de extracción condicionan la explotación

La explotación del gas esquisto o pizarra será más o menos rentable en función del coste de su extracción y del precio que tenga el gas en cada lugar.

Al contrario que en el caso del petróleo, con el gas no existe un mercado internacional donde se decida un precio de referencia. Cada país negocia el precio de su gas con sus proveedores, aunque –como explica Linares- los barcos que transportan el gas licuado actúan en cierta medida como un nivelador de precios entre distintas áreas, ya que cuando un país les demanda a ellos menos gas (el caso de EE.UU.) deberían vender su carga en otros lugares a un precio más barato.

“Aparte de EEUU, hay dos países que pueden beneficiarse del shale gas: Argentina -el país más gasificado de Latinoamérica- y Canadá, donde también hay bastante futuro, ya que cuenta con grandes reservas de gas no convencional y además, para poder aprovechar el tipo de petróleo que posee en su territorio, tiene que utilizar obligatoriamente gas, con lo que le es rentable extraerlo”, detallan los expertos de Repsol.

Advierten que, “en Europa, posiblemente, se necesitará un precio del gas más alto para que sea rentable la extracción porque no hay instalaciones hechas y la tecnología no está tan rodada, no es tan eficiente”.

Tanto las fuentes consultadas en Repsol como Pedro Linares coinciden en que, a corto plazo, la explotación de gas esquisto no hará bajar el precio de la energía, pero sí puede estabilizarlo.

Crecientes dudas medioambientales

La explotación del gas esquisto está provocando crecientes preocupaciones en el país donde más se ha desarrollado: en EE.UU. Allí, los ecologistas y también las comunidades locales que acogen pozos han empezado a alertar sobre los riesgos medioambientales y para la salud pública del método de extracción. Un miedo que se refleja en el documental "Gasilandia" ("Gasland"), candidato a los Oscar de este año.

Por un lado, para cada fractura hidráulica se requieren entre 10 y 15 millones de litros de agua, un volumen que no pueden proporcionar de una sola vez las redes públicas de abastecimiento.

Pero lo más alarmante para sus críticos se refiere al agua residual originada por el proceso. La industria del gas alega que, en la actualidad, se recicla y reutiliza el 65%.

Según Brent Halldorson, un directivo de una empresa dedicada a reciclar ese agua citado por The New York Times, los desechos líquidos que vuelven a la superficie tras la fractura de la roca contienen los aditivos utilizados en la operación, pero también bario, estroncio y otros elementos radioactivos recogidos de la roca, que deben retirarse del agua antes de volver a usarla o almacenarla en algún depósito.

Si no se realiza esa limpieza, puede ser peligrosa para la población si regresa a las redes de agua potable, y también para la naturaleza si alcanza los acuíferos.

Cerca de un 40% de esos residuos tiene un destino incierto. Según denuncia The New York Times, algunas compañías venden su agua residual -con alto contenido en sal- a autoridades locales, que las utilizan para acelerar el deshielo en las carreteras en invierno y eliminar el polvo en verano. Por esas vías los residuos tóxicos puede llegar a ríos o acuíferos y terminar en el abastecimiento de agua potable.

Además, el agua que recuperan las gasistas para reciclar es la que fluye del pozo en los primeros meses de su explotación. Pero expulsará líquido residual durante décadas y, según Anthony Ingraffea, experto en perforación y profesor de la Universidad de Cornell en Ingeniería Civil y Medioambiental, "según envejece el pozo, los fluidos que salen de él aumentan en toxicidad y los estados y las compañías están menos dispuestas a recogerla".

Todos estos elementos han llevado a expertos y ecologistas a solicitar a las autoridades estatales y federales estadounidenses que se replanteen la regulación aplicada a las compañías que explotan el gas esquisto. También han provocado la petición de una moratoria sobre este tipo de extracción en Reino Unido, donde ya se ha abierto un pozo cerca de Blackpool.