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España pierde en el mejor partido de su historia

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España recibe una plata con 'sabor' a oro blanco
España tiene el mejor equipo de su historia. Gasol, Navarro, Rudy, Reyes, Jiménez son irrepetibles. Fruto de una generación privilegiada y, sobre todo, sin complejos. Por eso es capaz de ponerse ante -al menos- el segundo grupo de baloncestistas más brillante de todos los tiempos y discutirle durante 40 minutos lo que es racionalmente suyo. Y, de paso, disputarles una de las mejores finales olímpicas de todos los tiempos.

El combinado nacional ha perdido por 118 a 107, pero detrás de ese resultado se esconden unos minutos inolvidables para los aficionados españoles y para cualquier aficionado al baloncesto en general. Tanto, que el público de Pekín lo ha agradecido durante todo el encuentro poniéndose de parte de nuestra selección, que ha jugado al 100% de sus posibilidades y que no se ha acercado más en el marcador por un arbitraje favorable al 'Dream Team'.

Fin de ciclo

Este partido suponía el final de un ciclo y la generación de oro de nuestro baloncesto lo sabía. Tras el mundial y el subcampeonato de Europa, la medalla de plata en los Juegos era la culminación perfecta de una trayectoria ganadora que ha nacido, ante todo, de las ganas de jugar y divertirse de unos jugadores en estado de gracia. Lo que quedaba era, entonces, ir a por la matrícula de honor ante un equipo que no es de nuestro planeta, el 'Dream Team'.

Gasol se plantea no jugar el año que viene el campeonato de Europa de Turquía ante la sobrecarga de partidos. Calderón tiene que asumir nuevas responsabilidades en los Raptors, mientras Rudy y Marc Gasol se marchan también a la NBA. Aíto puede que abandone la selección al terminar el campeonato.

Con todo, el futuro empieza a vislumbrarse. Ricky Rubio es el medallista de baloncesto más joven de la historia y el inicio de una nueva generación que lo tendrá muy difícil para superar lo realizado por los 'junior' del mundial de 1999 de Lisboa.

De poder a poder

Frente a ellos estaban Bryant, LeBron, Wade, Howard, Kidd y compañía, que pertenecen a otra esfera de la realidad baloncestística, un mundo en el que tirar de tres es como meter tiros libres, donde se pueden mantener suspensiones eternas, rozar el cielo con los tapones y tocar el infierno con sus músculos.

Sin embargo, en el que se puede considerar el mejor partido del baloncesto español, los de Aíto demostraron que no sólo pueden mantener el sueño de bajar a la tierra a las estrellas de la NBA, sino que se reivindicaron, uno a uno, como jugadores estratosféricos, de otro planeta. Eso que se llama la ÑBA.

Pau Gasol es el símbolo. Navarro es la poesía y el riesgo. Rudy es la decisión y el espíritu ganador. Jiménez y Reyes, la casta y el valor de poner el hombro en cada momento. Ellos y el resto hicieron que España se pusiera a dos puntos en el último cuarto dejando la boca abierta a todos los que madrugaron este domingo.

Esos últimos diez minutos fueron los del final apoteósico de una época que tardará años en olvidarse y, probablemente, en superarse. Rudy Fernández puso un ally-up de ensueño a Gasol y metió un mate 'in your face' a Howard con tiro adicional. Carlos Jiménez se atrevió desde la línea de 6,25. Navarro -renacido como principal aportación anotadora- se hacía cargo del juego y se jugaba una bomba tras otra ante el asombro de Jason Kidd.

Un triple de Bryant con tiro adicional -tras el que mandó callar a un público entregado a la remontada española- terminó por decidir el partido a tan solo dos minutos del final. Dos técnicas absurdas pitadas por los árbitros del encuentro a Aíto y Ricky terminaron por maquillar el resultado.

Enganchados desde el vestuario

Defensa, intensidad, imaginación. Ésta es la fórmula con la que salió a la cancha España, sabiendo que era plata en los Juegos, pero dejando claro que no renunciaba al oro.

Prueba de ello fue que durante tres dorados minutos estuvo por delante en el marcador, llegó a `irse¿ por 13 a 9 y se permitió el lujo de contestar los triples estadounidenses con otros tantos puntos desde la línea de 6,25.

Por supuesto, el sueño acabó pronto. LeBron empezó a hacer añicos la zona, Carmelo Anthony tiraba triples como tiros libres y Chris Paul robaba balones a un desorientado Raúl López. Pero España seguía estando ahí.

Los árbitros ayudaban a la causa, ignorando los palos a Gasol en la zona y haciendo que casi cada jugada americana fuese de dos más uno. Pero ni siquiera eso fue suficiente. La escapada de EE.UU. en el marcador nunca llegó y los españoles se mantuvieron siempre a diez puntos, con protagonistas cambiantes.

Si en el primer cuarto destacó Gasol, en el segundo fueron Rudy y Felipe Reyes los que nos mantuvieron a flote. En el tercero renació Navarro, con la ayuda de Marc Gasol. Durante el cuarto, Rudy volvió a ser decisivo hasta su expulsión, que se produjo precisamente al hacerle falta a Bryant en el triple que remató las opciones españolas.

El resultado, el esperado. La plata es el mejor resultado al que, hoy por hoy, puede aspirar una selección de 'este' planeta. Sin embargo, durante 40 minutos, España nos hizo soñar con que era posible lo imposible, factible lo inimaginable, creíble lo ilusorio. Y nos dejaron a todos con el dulcísimo sabor de una derrota inolvidable.

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