El turismo sufre especialmente la crisis de la COVID-19. Este verano los alojamientos tienen menos clientes y se han visto obligados a respetar unas medidas de seguridad inéditas hasta ahora. El enoturismo quiere aprovechar la oportunidad de este verano atípico para atraer visitantes que descarten el sol y playa. [Coronavirus: última hora en directo
Las bodegas y rutas del vino ponen en valor la seguridad de sus espacios abiertos, actividades al aire libre y grupos reducidos. Muchas se han certificado como espacios seguros y aplican las medidas necesarias para prevenir contagios: desinfección diaria y uso obligatorio de equipos de protección individual.