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El terremoto que este domingo sacudió la zona fronteriza entre Irán e Irak ha dejado a miles de iraníes sin cobijo, abocados a pasar una segunda noche al raso, mientras las autoridades se afanan por movilizar efectivos que permitan llevar tiendas, agua y comida para socorrer a la población de la provincia de Kermanshah, una zona montañosa que ha resultado la más afectada por el seísmo.

Al menos 335 personas han muerto y miles han resultado heridas en Irán e Irak a causa de un terremoto de magnitud 7,3 que ocurrió en la noche del domingo en la frontera entre ambos países. El país con mayor número de víctimas, hasta el momento, es Irán, donde las autoridades sanitarias han informado de 328 fallecidos y más de 5.300 heridos. En Irak, por su parte, el temblor ha dejado siete muertos en el Kurdistán y más de 300 heridos.

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, se arranca a cantar una canción de amor en la cumbre de la Asean, bajo "las órdenes" del comandante en jefe de EE.UU. Donald Trump ha sido recibido con manifestaciones en contra en las calles de Manila. El mandatario filipino ha comprado armas a Rusia y China pero ya no habla de desmantelar las cinco bases militares estadounidenses en suelo filipino. Además tropas especiales norteamericanas han combatido junto las Fuerzas Armadas filipinas en contra del Estado Islámico en Marawi.

El primer ministro libanés, Saad Hariri, aseguró el domingo en su primera entrevista tras haber dimitido el pasado fin de semana, desde Arabia Saudí, que su decisión responde al interés del Líbano, donde prometió que regresará "muy pronto". En una entrevista con la televisión libanesa Al Mustaqbal (Futuro), Hariri admitió que presentar su dimisión desde otro país "no es la manera usual" de hacerlo, pero se justificó asegurando que está "tomando medidas de seguridad" para protegerse, al mismo tiempo que busca alertar a los libaneses de que "están en peligro".