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SALUD MENTAL

¿Debería impartirse clases de salud emocional a los jóvenes después de la pandemia?

  • La generación Z está siendo criticada por irse de fiesta en plena pandemia, ¿pero cómo les está afectando este momento a su salud emocional?
  • Charlamos con la psicóloga Mireia Cabero sobre las secuelas emocionales que dejará la pandemia en los más jóvenes 

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Un joven skater por el centro de Barcelona.
Un joven skater por el centro de Barcelona. GTRES cropper

En los últimos días los más jóvenes han estado en el punto de mira por la falta de concienciación ante los rebrotes que puede causar la celebración de un macrobotellón o de una fiesta multitudinaria. Muchos achacan estos comportamientos al egoísmo, falta de empatía y de respeto de los más jóvenes hacia los mayores. Pero, más allá de estas valoraciones, ¿nos hemos parado a pensar cómo está afectando la pandemia a la salud mental y emocional de la generación Z

Esta es la gran pregunta que aún los especialistas no se atreven a contestar, pero sí vaticinan un dato preocupante: lo peor está por llegar. Los más jóvenes han tenido que cortar con su rutina social durante tres meses, estudiar para la EvAU o los exámenes de carrera en medio de una caótica planificación de clases online, muchos en familias con dificultades económicas que se han agudizado durante la pandemia, expuestos a una sobreinformación que solo les habla de la terrible crisis que viviremos los próximos años, dibujando un futuro laboral apocalíptico y sin esperanza. En cualquier etapa de la vida estas experiencias son traumáticas, pero lo son más aún cuando eres joven y no has vivido lo suficiente para desarrollar los recursos emocionales que te ayuden a adaptarte a esos cambios. Con este panomara, ¿ha llegado por fin el momento de que se lleve de una vez la educación emocional a los colegios y universidades para ayudar a los jóvenes a desarrollar la resiliencia comunitaria que cada vez más nos pide nuestra sociedad?

"Tiene que haber una política pública de promoción de la salud emocional para generar esa resiliencia comunitaria. Se ha hecho muy evidente, por todos los impactos que hemos tenido en salud mental a nivel nacional e internacional a raíz de la Covid-19, que no contamos con comunidades ni con personas con alto nivel de resiliencia. Si no, no habría el sufrimiento y el desequilibrio que ha habido, y estos índices aumentarán aún más. Nadie está asumiendo la responsabilidad a nivel institucional y política de generar empoderamiento emocional y capacidad de reacción en la ciudadanía, y más aún en sectores más vulnerables que lo son por edad", explica Mireia Cabero, profesora en la UOC en Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación y directora de Cultura Emocional Pública. 

Cansancio extremo, depresión reactiva, desmotivación, ansiedad...

P.- ¿Qué secuelas emocionales ha dejado el confinamiento en la gente joven?

Mireia Cabero.- Es pronto para valorarlo, pero en base a los estudios de pandemias y confinamientos anteriores, lo peor está por llegar. Llegará cuando termine la pandemia, porque ahora los chicos y chicas están gestionando tanto el presente (han estado gestionando sus coles, la selectividad, su relación con la familia, los deberes, las dificultades económicas de sus padres) que toda su capacidad está centrada en superar la dificultad, el cerebro aún está demasiado activo como para pararse a ser consciente y que salga todo el estrés postraumático.

Y es normal que haya secuelas a nivel de salud mental. Nos han cambiado nuestro marco de vida, nos han sacado de una zona de confort que era ir a estudiar, trabajar, hacer nuestra vida social con nuestros colegas, y de repente te tienes que encerrar en casa cuatro meses, cortar la comunicación directa con tus amigos y familiares, acostumbrarte a estudiar en otro formato, trabajando de otra manera porque si no pierdes el trabajo, en muchos casos perdiendo a personas que querías por culpa de la enfermedad, etc. Cuando nos cambian nuestra forma de vida de manera tan abrupta, necesitamos recursos adaptativos. Pero cuanto más joven es la persona, menos experiencia vital tiene, por lo que no tiene los recursos necesarios y su desgaste para adaptarse es mayor. Además, en los más jóvenes también hay que tener en cuenta sus cambios hormonales y la conexión entre hormonas y emociones. Incluso muchos ahora no son conscientes de que su salud mental está sufriendo, pero ese esfuerzo mental puede salir a posteriori y manifestarse como un cansancio extremo, con estrés postraumático, depresión reactiva, desmotivación, ansiedad...  

Exámenes durante la pandemia

P.- Muchos jóvenes se han quejado del caos de hacer exámenes desde casa, ven inviable que la educación online se imponga a la presencial, y también han criticado que en estas circunstancias hayan tenido que hacer exámenes muy relevantes para su futuro, como la EvAU o convocatorias de fin de carrera. ¿Son excusas o tienen razón?

R.- Ha debido ser muy, muy complicado para ellos. El confinamiento ha generado mucha desigualdad y seguir tomando las mismas decisiones cuando es evidente la desigualdad que se ha sufrido, y no pudiendo facilitar al máximo que las condiciones sean favorables, no es lo más oportuno. También soy consciente de que hubiese sido una decisión muy difícil no celebrar la selectividad, o cambiar exámenes, así que quiero pensar que en el momento en que se tomaron esas decisiones se tendría en cuenta el impacto de estas desigualdades. Pero no podemos negar que estos chicos y chicas han llegado de una forma muy diferente a la selectividad, y esto va a tener un impacto en su futuro, les va a condicionar los próximos cuatro o cinco años de carrera y de estudios. 

P.- ¿Hay ahora más jóvenes con problemas de salud mental y emocional que antes de la pandemia?

R.- Seguro, pero el dato preocupante viene ya desde hace tiempo. En concreto desde hace cuatro años los índices de enfermedad mental han creciendo de forma alarmante en personas jóvenes. No sabemos si es que la salud mental ahora es peor o si es que hay más métodos y más facilidad de poder diagnosticarla, pero los datos son muy alarmantes. Sabemos que la salud mental tiene una repercusión directa a muchos niveles, como en las relaciones que generamos con las demás personas, en el tipo de comunicación que tenemos con ellas, en los resultados académicos, incide también mucho en la salud de las personas y en la comunitaria. Y los datos que estamos manejando son de mucho impacto, por ejemplo en Cataluña el suicidio es la primera causa de muerte en menores de 25 años, cuando hace años el primer motivo era la muerte por accidentes de tráfico.

Salud emocional en la Agenda 2030

P.- ¿Tenéis alguna hipótesis sobre por qué ha crecido tanto la cifra de jóvenes con problemas de salud mental en los últimos años?

R.- Estamos viviendo un nivel de vida que exige de mucha competencia emocional en las personas, un nivel de vida con muchas prisas, de hiperconectividad con el exterior y poca con el interior, estamos en un entorno donde no se valora especialmente la humanización, la resiliencia, la ética, no estamos cuidando especialmente la sociedad en la que vivimos. Es muy interesante que la Agenda 2030 tiene como objetivo número 3 la "salud y el bienestar", y esta siempre se ha entendido como bienestar material y bienestar físico, no como bienestar emocional, y no podemos olvidar que la salud emocional es el eje vertebrador para que todo lo demás esté bien. Necesitamos una sociedad más preparada para poder afrontar el futuro, y la preparación pasa por tener competencias personales, competencias interiores (las llamadas soft skills). La sociedad nos lo exige para poder sobrevivir e incluso vivir de una forma agradable y satisfactoria, y sin embargo no estamos capacitando a los jóvenes en ese tipo de competencia para generarles esa resiliencia, por lo que la consecuencia es catastrófica.

La ansiedad, el problema que más visibilizan los jóvenes

P.- La ansiedad está en boca de todos. Hay muchos famosos que ya hablan abiertamente de ella o de otros problemas de salud mental (Kanye WestBritney Spears, Justin Bieber, Lele Pons...) ¿Son los zetas más susceptibles a padecer ansiedad por el mundo que les ha tocado vivir (sobreexposición en redes, competitividad, etc.)?

R.- Es una generación que viene con un nivel de sensibilidad y de humanización muy diferente, he oído en distintos entornos que es la generación que va a hacer este cambio de paradigma. Veo que hay mucha esperanza y expectativa en ellos y ellas. No me sorprende que tengan esta hipersensibilidad porque llegan a un mundo y entornos sociales en el que hemos malgastado muchos recursos a muchos niveles, a nivel planetario y humano. No me sorprende que a raíz de esta pandemia compartan lo mal que se han sentido, que reconozcan que sufren esa ansiedad. Hay que entender que la ansiedad anticipa algo que ves que puede venir en el futuro y lo percibes como una amenaza. Y se percibe como amenaza cuando no se tienen recursos para hacerle frente, y es una generación que los recursos emocionales aún no los ha podido explorar.

P.- Muchos jóvenes hablan de estos problemas de ansiedad y reconocen que el primer sitio en el que buscan ayuda es YouTube, donde otros cuentan su lucha contra sus problemas mentales o encuentran técnicas que les ayude a controlar la ansiedad (los youtubers de mindfulness arrasan en YouTube). Dado que existe ese reclamo, ¿no crees que ha llegado el momento de que hubiera esas clases de gestión emocional en la propia escuela y hasta en la universidad?

R.- Es una generación de nativos digitales, con lo cual entiendo que su primer recurso es ver qué pasa en el mundo virtual. Pero al mismo tiempo no podemos permitirnos que se cuelen hábitos emocionales que no sean rigurosos y estén bien fundamentados. Por eso es básico que la educación emocional parta desde instituciones en las que esté reglada. Ya no solo desde la escuela, sino desde los medios de comunicación, cualquier entorno educativo no formal, y aquí viene esa reivindicación de la cultura emocional pública, es importante socializar la educación emocional, y no la vamos a socializar si lo hacemos solo desde los centros educativos. Necesitamos una sociedad que sea capaz de ver que estos chicos y chicas jóvenes necesitan ser acompañados desde otro lugar.

En cuanto a la Universidad, a mí me parece que en la facultad se prepara más a robots-técnicos que a robots-personas, cuesta mucho ir a los planes educativos de universidades e identificar cómo capacitan a los jóvenes para poder hacer frente a dificultades. Los planes de estudio están llenos de contenido técnico que, por supuesto y sin dudarlo, es necesario. Pero se deja de lado el contenido humano, de competencias para la vida y el bienestar, y sabemos que las competencias emocionales -concretamente la inteligencia emocional- es una de las competencias que más puntúa a la hora de tener éxito (no académico, sino profesional y vital).

El caso Fortfast

P.- Seguimos en YouTube, porque recientemente ha sido muy sonada toda la polémica con el youtuber Fortfast. Después de que un antiguo empleado publicara unos audios bastante demoledores grabados por el propio Fortfast, este acabó reconociendo que en los últimos años le había desequilibrado mucho su sobreexposición en YouTube y los comentarios de haters, y que su incapacidad para gestionar esa fama le afectó a su bienestar emocional y su relación con su entorno, ¿cuánto riesgo corre la salud emocional de los jóvenes que adquieren esa notoriedad tan enorme a través de las redes?

R.- En las generaciones anteriores nos tocaba batallar con el reconocimiento externo en un momento de madurez personal. Con 14, 15 o 16 años solo esperabas el reconocimiento de tu grupo, clase o amistades, no esperabas un reconocimiento mundial en una edad en la que no estás preparado. Antes el reconocimiento llegaba a través de una carrera profesional, de un talento, de aportar valor, y llegaba a partir de los 25 o 30 años. A esa edad el cerebro ya está preparado para poder afrontar dificultades porque es un cerebro adulto. Pero de los 14 a los 20 años, que es fácilmente la época donde las redes sociales pasan a ser más importantes, es un momento vital que no puedes gestionar ni con conciencia, ni con positividad, ni con estrategia rigurosa. Estamos avanzado en retos humanos como es gestionar el reconocimiento y la crítica del otro en una edad en la que estamos solo preparados para hacerlo a pequeña escala.

Además, es probable que estos influencers o famosos creadores de contenido hayan construido su identidad, no la digital, sino la personal, en base a la exposición, en base a la narrativa pública que han explicado y no en base a su propia conciencia, que acostumbra a ser más amplia cuando estamos en silencio, nos miramos y nos analizamos a nosotros mismos sin esperar a dar un resultado público. Es fácil que cuando hay tanta sobreexposición, las demás personas  comenten sobre mí, y si yo previamente no he creado una identidad y un concepto que me facilite que yo me quiera, si yo no he desarrollado mi autoestima, entonces mi autoestima, identidad y autoconcepto se forma en base a como soy vista por los demás, y esto siempre es un riesgo, pero con 15 años lo es mucho más, porque no puedo comprender desde dónde se comunican los demás conmigo para poder ser más empático o asertivo.

PLAYZ

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