100 años de Rafael Azcona: el hijo del sastre que se convirtió en el mejor guionista de España
- Le debemos El verdugo, El pisito y Belle Époque entre otras joyas del cine español
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Rafael AzconaRTVE
A Rafael Azcona le gustaba que le contaran anécdotas de la gente. Cuanto más rocambolescas, más las disfrutaba. Su amigo, el director de cine Fernando Trueba, recuerda que solía decir que "le reconciliaban con el género humano". Y fue así, con el español medio como fuente principal de inspiración, como Azcona forjó su profesión. Una profesión que el programa Imprescindibles homenajea con un documental dirigido por el periodista Fernando Olmeda a través de testimonios de personas que le conocieron y/o trabajaron con él.
Han pasado cien años desde que aquel niño logroñés hijo de un sastre viera la luz por primera vez. Con el tiempo, por sus manos pasaron innumerables historias cotidianas, anecdóticas incluso estrafalarias, tantas como para que aún hoy en día, dieciocho años después de su fallecimiento, siga siendo considerado el mejor cronista de España de los últimos tiempos.
Se cumple un siglo del nacimiento del escritor y guionista de España. Porque, como aún hoy repiten sus allegados: "quien comprende la obra de Rafael Azcona, comprende mejor a España".
Quien comprende la obra de Rafael Azcona, comprende mejor a España
Mingote le abre la puerta a La Codorniz
Se labró un hueco en la cultura de nuestro país durante décadas.
Todo comenzó tímidamente, como él era, en aquellas primeras tertulias en el Café Comercial "donde acudíamos los aficionados", puntualiza en el documental el ilustrador Antonio Mingote, "porque los consagrados, los escritores con carnet, iban al Café Gijón", sentencia el dibujante.
Precisamente fue Mingote quien le dio su primera oportunidad literaria en la revista satírica La codorniz. Siempre en clave de humor el escritor firmaba con distintos seudónimos, entre ellos: Azconovan, Repelente o Jack O´Relly. Con todos ellos Rafael iba afilando poco a poco el lápiz de la mordacidad.
En cada frase, en cada columna publicada, el creador del repelente niño Vicente fue perfilándose como lo han llegado a tildar: "un cronista compasivo de la mezquindad".
A mediados de los años cincuenta escribe la novela El pisito con gran éxito literario. Un texto que cuenta cómo una pareja que lleva de noviazgo doce años deciden que él se case con su anciana casera con el objetivo de que cuando muera herede el contrato de renta antigua para poder acceder a una vivienda. Una historia tan real y tan actual como la vida misma. El pisito supuso su debut en el séptimo arte de la mano del director italiano Marco Ferreri quien lee la novela y le propone adaptarla al cine en 1959. Azcona y Ferreri coescriben el guion de la película que protagonizan José Luis López Vázquez y Mary Carrillo. Después vendrían El cochecito (1960) dirigida también por Marco Ferreri y protagonizada por el gran Pepe Isbert y que, junto al ya mencionado El pisito y El verdugo (1963) enmarcaría el tríptico de una "crónica compasivo-cruel" llena de humor negro que retrataba a la sociedad española del momento.
Esquivar la censura
Chus Lampreave, Pepe Isbert, Lola Gaos y Nino Manfredi en 'El verdugo'
Cuando comienza su andadura en el cine, el régimen franquista estaba en pleno apogeo. Cabe pensar que sus textos llenos de sátira podrían no haber pasado la censura, pero lo hicieron. Los censores tenían la creencia de que en una comedia no podía haber carga política, razón por la que El verdugo no fue cuestionada por la dictadura; y eso que bajo la apariencia de costumbrismo hacía una dura lectura de aquella España. Paralelamente, su talento había traspasado fronteras, ya que, de forma habitual trabaja en Italia con importantes directores europeos. Esto enriqueció su estilo satírico y lo dotó de renombre en toda Europa.
Después de la muerte de Franco, Azcona escribió otros libretos con tema ideológico, como La Vaquilla, la primera sobre la Guerra Civil Española. Al hilo de este tema el periodista Juan Cruz recuerda al guionista como un "republicano tornasolado, no rojo".
Óscar, Goya y el toreo
Una de sus ilusiones fue ser torero. Por suerte, la vida le tenía preparado otro destino. Rafael Azcona participó en más de cien películas y dejó en el cajón unos ochenta guiones inéditos. Algunas de las más conocidas son Plácido (1961), El verdugo (1963), La escopeta nacional (1978) o La vaquilla (1985) con Luis García Berlanga. La corte del faraón (1985) o Tranvía a la Malvarrosa (1997) con José Luis García Sánchez. ¡Ay, Carmela! (1990) con Carlos Saura. Con José Luis CuerdaLa lengua de las mariposas (1999) de la que decía que era como si le hubieran invitado a una boda, o Los girasoles ciegos (2008) su último guion cinematográfico estrenado. Aunque la que supuso su consagración en el Olimpo internacional fue Belle Epoque (1992) con Fernando Trueba, que ganó el Óscar de Hollywood a Mejor Película de habla no inglesa.
Además, el guionista obtuvo siete premios Goya, aunque nunca recogió ninguno en persona. Entre ellos el Goya de Honor en reconocimiento a toda su trayectoria, que le fue concedido por la Academia de Cine en 1998. También fue Premio Nacional de Cinematografía (1982), Medalla de La Rioja (1987) Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1994). Nos dejó en 2008 a los 81 años, víctima de un cáncer de pulmón. Se fue, según el actor Juan Echanove, "como hay que hacerlo, cuando nadie está mirando, sin despedirse".
¿Cómo sería el cine español sin Azcona?
A Rafael le hubiera gustado ser invisible, Fernando Trueba rememora cómo Azcona odiaba las exhibiciones sentimentales. "Nada ofende más que la felicidad ajena", recuerda que decía. Pero para alguien de su talento y calidad humana habría sido imposible pasar desapercibido. ¡Cómo nos congratulamos de que finalmente no siguiera el camino de la tauromaquia! Su maestría y su prolífica obra han quedado para siempre esculpidas en piedra. Porque ¿Cómo hubiera sido el cine español de no haber tenido un guionista imprescindible como fue Rafael Azcona?
