14 de octubre, 90 aniversario de la llegada de las Brigadas Internacionales

La promesa del presidente del Gobierno que tardó casi 60 años en cumplirse

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  • En octubre de 1938, en su despedida de España, el presidente del Gobierno Juan Negrín prometió a los brigadistas el derecho a reclamar la ciudadanía española una vez terminada la Guerra Civil
  • No pudieron hacerlo hasta 1996 gracias a un Real Decreto aprobado por unanimidad de todos los grupos políticos
Composición de dos fotos que muestra a Juan Negrín en 1938 y a un veterano brigadista cubano mostrando su pasaporte español en el Congreso en 1996.

A la izquierda, Juan Negrín en 1938 en el discurso en el que prometió la ciudadanía española; a la derecha, un brigadista cubano mostrando su pasaporte español en el Congreso en 1996EFE

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El día 14 de octubre de 1936 llegaba a Albacete el primer contingente de 1500 voluntarios que formaban las Brigadas Internacionales. Solo un mes antes, el 18 de septiembre, la Comintern (abreviatura en inglés de la Internacional Comunista, la Communist International) reunida en Moscú había decidido su creación a propuesta del Partido Comunista francés, para ayudar al gobierno de la República.

No fueron los primeros extranjeros en unirse al Ejército Popular: desde el mismo momento del golpe militar en julio, algunos se habían unido ya de forma individual a diferentes unidades por su afinidad ideológica (anarquista, socialista, comunista, etc.). Se trataba sobre todo de personas que residían en España, muchas exiliadas por motivos políticos, caso de italianos o alemanes. El episodio más recordado tuvo como protagonistas a los jóvenes participantes en las Olimpiadas Populares que se celebraban en Barcelona en julio de 1936 como alternativa a los Juegos Olímpicos de Berlín organizados por el gobierno de Hitler. Su contribución para frustrar la sublevación en la ciudad fue significativa.

Este primer grupo brigadista llegó desde París, donde se había establecido la sede internacional de reclutamiento: allí se organizaba el envío de los voluntarios y se coordinaba la documentación necesaria para la recluta con el Gobierno español. Las reticencias por parte de este, por el origen comunista de estas unidades, fueron muchas; de hecho, no autorizó oficialmente la formación de las Brigadas hasta días después de su llegada a España.

Quedaron a cargo del francés André Marty y comenzó su entrenamiento: la instrucción que recibieron fue en general muy exigua, de no más de tres semanas, y casi sin acceso a armamento y munición dada su escasez. La urgencia por su incorporación a los frentes, como los establecidos para defender Madrid, hacía que se les enviara sin la formación militar necesaria.

En total, se calcula que unos 35.000 brigadistas, procedentes de más de 50 países, lucharon en la Guerra Civil española. Algunos eran intelectuales, pero la mayor parte eran obreros manuales, mineros o campesinos. El grueso era de ideología comunista, pero muchos tenían otras o eran afiliados a organizaciones sindicales. Solo unos pocos vinieron con experiencia militar previa, adquirida sobre todo en la Primera Guerra Mundial. Algunos eran, incluso, simples aventureros, movidos por una idea romántica de la lucha.

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Se constituyeron un total de siete Brigadas, cada una de unos 2.000 efectivos distribuidos en tres o cuatro batallones. Se agrupó a los voluntarios por nacionalidades, para facilitar la comunicación idiomática entre ellos. El grupo más numeroso fue el francés (unos 9.000 hombres), seguido del polaco, el italiano, el estadounidense y el alemán. Los nombres de las diferentes brigadas (XI Thaelman, XII Garibaldi, XIII Dombrowsky, XIV Marsellesa o XV Lincoln) da perfecta cuenta de quienes las integraban mayoritariamente, aunque en las unidades también terminaron enrolados combatientes españoles.

Hubo además voluntarias mujeres, casi siempre en labores sanitarias, como enfermeras.

Las Brigadas fueron usadas mayoritariamente como fuerzas de choque en las batallas más cruentas lo que, unido a su falta de formación militar inicial, provocó que tuvieran una mortalidad en combate muy alta, mayor que otras unidades del Ejército Popular de la República. Algunos cálculos elevan la cifra de muertos a unos 15.000.

Muchos brigadistas murieron también a manos de sus propios compañeros, por culpa del régimen disciplinario "estalinista" impuesto por Marty, que llegó a ser apodado como "El carnicero de Albacete". Otros, fusilados por los franquistas al caer prisioneros: solo tras la presión de sus aliados alemanes e italianos comenzaron a respetar su vida a partir de marzo de 1938 para poder intercambiarlos por otros prisioneros. Más de 700 terminaron hacinados en campos de concentración como el de San Pedro de Cardeña en Burgos -en penosísimas condiciones que provocaron la muerte de decenas de ellos- o enrolados en Batallones Disciplinarios de Trabajo. Los últimos no fueron liberados hasta 1943, cuando la Segunda Guerra Mundial se inclinó claramente hacia el bando aliado.

Brigadistas en el acto de despedida en Les Masies, Tarragona, el 25 de octubre de 1938EFE

La lucha en España de las Brigadas Internacionales terminó en otro mes de octubre, el de 1938. El Gobierno de Negrín aceptó el acuerdo de julio de 1938 del Comité de Londres (encargado de revisar los acuerdos de no intervención firmados por distintos países) que establecía un plan de repatriación de los extranjeros que luchaban en la Guerra Civil. Franco también lo hizo, pero lo incumplió y alemanes e italianos permanecieron hasta el final de los combates.

Así, a partir de septiembre, las distintas unidades fueron concentrándose para preparar su salida de España. El acto más multitudinario de despedida se celebró del día 28 de octubre en Barcelona, por cuyas calles desfilaron los brigadistas.

Tres d��as antes, el 25, en un acto en Les Masies, cerca del Monasterio tarraconense de Poblet, JuanNegrín les dijo a los brigadistas:

"El Gobierno español quisiera testimoniaros de una manera directa su agradecimiento. Vuestro espíritu y el de vuestros muertos nos acompañan y quedan unidos para siempre a nuestra historia. El Gobierno de la República reconocerá y reconoce a los Internacionales, que tan bravamente han luchado con nosotros, que ya puede decirse que son connaturales nuestros, el derecho a reclamar, una vez terminada la guerra, la ciudadanía española. ¡Con ello nos honraremos todos! Buen camino, hermanos Internacionales…"

Tras dejar España, la suerte que corrieron los combatientes fue dispar. Algunos (franceses, británicos o americanos) se reintegraron a la vida civil, aunque con problemas; otros, como los canadienses, fueron perseguidos en su país. El peor destino les esperaba a italianos, alemanes y austriacos que no tenían lugar al que volver. Muchos terminaron en campos de concentración. Muchos también, volvieron a luchar contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

El derecho a reclamar la ciudadanía española tardó casi 60 años materializarse: llegó con el Real Decreto 39/1996sobre concesión de la nacionalidad a los combatientes de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil, aprobado por unanimidad, con el que se reconoció su labor de defensa de la libertad y de los principios democráticos.

El 6 de noviembre de 1996, 370 brigadistas recibieron del homenaje del pueblo español a manos de sus representantes en el Congreso: al discurso de Joan Marcet, vicepresidente segundo, respondió el brigadista alemán Julius Goldstein. "Ya no sólo tenemos a España en el corazón, somos desde hoy españolas y españoles" dijo, en el que calificó como "uno de los días más felices de su vida". La mayoría de los brigadistas murieron antes de poder disfrutarlo.

Joyas del archivo sonoroJoyas del archivo sonoro - Concesión de la nacionalidad española a los brigadistas internacionales en 1996

14 de octubre: 90 aniversario de la llegada de las Brigadas Internacionales a España

Veteranos brigadistas y acompañantes desfilan en 1996 por una avenida en Barcelona, recibiendo el aplauso del público tras vallas metálicas bajo una pancarta con texto.rne audio