Del techo de cristal al ascensor: cómo una mujer abre camino a las demás
- Más de 2 siglos tardó la RAE en admitir a una mujer
- Las sillas de la RAE es un documental sonoro que ya puedes escuchar en RNE Audio

Salón de plenos de la Real Academia EspañolaEric Vandeville / Getty Images
¿Qué ocurre cuando una mujer consigue entrar en un espacio donde, durante décadas, apenas hubo mujeres? Esta cuestión vuelve a estar de plena actualidad tras la polémica de la influencer Erola Jons como nueva cara de La Vuelta a España. La creadora de contenido se convirtió en una de las protagonistas del inicio de la competición tras hacerse virales sus comentarios sobre Tadej Pogačar a quien llamó “Pogachitar”. Después de la queja del equipo UAE, la organización de La Vuelta ha explicado que seguirán trabajando con ella, aunque con cambios en su acceso a equipos y corredores. La organización desvinculó el episodio de cualquier cuestión de sexismo.
Este episodio nos permite volver a una cuestión más amplia: qué se espera de una mujer cuando consigue ocupar un espacio de visibilidad. Porque romper el techo de cristal no significa que desaparezcan todas las barreras.
El techo de cristal sigue ahí
El llamado techo de cristal representa esas dificultades, muchas veces invisibles, que pueden impedir que las mujeres alcancen posiciones de poder o reconocimiento pese a tener méritos y preparación. A menudo no se trata de una prohibición explícita. Puede estar en las redes de contactos, en los prejuicios, en las expectativas sobre cómo debe comportarse una mujer o en una idea de liderazgo construida históricamente alrededor de referentes masculinos.
Y existe una paradoja: cuando una mujer finalmente llega, puede sentir que tiene que demostrar todavía más que merece estar allí. Un error puede convertirse en un juicio sobre su preparación. Una personalidad fuerte, en una cuestión de carácter. Una manera diferente de comunicarse, en una razón para cuestionar su legitimidad.
Durante toda la historia, son incontables los casos de las mujeres que luchan por la igualdad. Uno de ellos, nos toca más de cerca de lo que pensamos: la Real Academia Española.
Las que estaban, pero no llegaban
La historia de la cultura española ofrece un ejemplo especialmente claro. La Real Academia Española se fundó en 1713 y no incorporó a una mujer como académica de número hasta 1978, cuando Carmen Conde ocupó la silla K. Más de dos siglos.
Pero la pregunta no debería ser únicamente por qué Carmen Conde tardó tanto en llegar. También hay que preguntarse cuántas mujeres con talento quedaron fuera durante ese tiempo. Emilia Pardo Bazán vio rechazada su candidatura a la Academia y María Moliner, una de las grandes figuras de la lexicografía española, tampoco llegó a ocupar una silla. Mujeres importantes para la cultura existían. Lo que no existía era un acceso equivalente a los espacios donde esa cultura se reconocía y legitimaba.
De romper el techo a abrir el camino
Aquí aparece una metáfora complementaria a la del techo de cristal: la del ascensor.
Una mujer puede romper una barrera y llegar arriba sin que eso signifique que el sistema haya cambiado por completo. Pero su presencia puede tener un efecto importante: demostrar que ese lugar también puede pertenecer a una mujer. A partir de ahí, puede abrir puertas, visibilizar otras trayectorias o facilitar que las siguientes encuentren menos obstáculos.
No se trata de cargar sobre cada mujer que asciende la responsabilidad de representar a todas las demás. Se trata de entender que las primeras tienen un valor simbólico: convierten lo excepcional en posible.
Una silla puede contar mucho más
Esta es una de las ideas que atraviesa Las sillas de la RAE, un documental sonoro realizado por los alumnos del Máster de Radio de RNE y la Universidad Complutense de Madrid. Elaborado por han Ainhoa Gómez Ramos, Paula García Jaureguizar, Jesús Raúl García Carnicero, Jesús Gálvez Lancha y Pablo Nicolás Cabrera Pérez, este recorre la historia de la Academia desde 1713 hasta la actualidad para analizar por qué las mujeres tardaron en ocupar sus sillones más de dos siglos.
Utiliza precisamente la silla K de Carmen Conde como testigo de esa historia. A través de especialistas, escritoras y académicas como Soledad Puértolas, Inés Fernández-Ordóñez, Carme Riera, Paloma Díaz-Mas y Cristina Sánchez López, el documental reflexiona sobre la relación entre lengua, poder y género.
Más que contar solamente quién llegó, plantea una pregunta: ¿qué tuvo que ocurrir para que las mujeres pudieran sentarse por fin en aquella mesa?
Y quizá esa sea la pregunta que debemos trasladar a muchos otros ámbitos. Porque romper el techo de cristal es importante. Pero el verdadero cambio llega cuando una mujer deja de ser la primera. Cuando ya no sorprende verla arriba. Cuando la siguiente puede subir detrás.
Y cuando aquella silla, por fin, deja de parecer que estaba reservada para otros.
Máster RNE