Una metedura de pata y un misterio en 'La intriga del funeral inconveniente', de Eduardo Mendoza

  • Un misterio, el humor absurdo y la sátira moral dan forma a la nueva novela de Eduardo Mendoza La intriga del funeral inconveniente
  • El escritor barcelonés, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025, recupera al detective sin nombre
Página Dos - Humor en la nueva novela de Eduardo MendozaVer ahora
Eduardo Mendoza, retratado en La Fuga (Barcelona).
Marta Dominguez

Los lectores más fieles del escritor barcelonés Eduardo Mendoza celebran el regreso de su personaje más icónico: el detective sin nombre. En once años de altibajos y otras vicisitudes, este profesional de estilo sui generis ha aparecido en El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras, El enredo de la bolsa y la vida y El secreto de la modelo extraviada. En este nuevo libro se ve envuelto una vez más en un caso que comienza como un incidente menor y acaba revelando una intrincada red de suplantaciones, engaños y chapuzas criminales. La intriga del funeral inconveniente (Seix Barral) supone el reencuentro con el investigador más divertido de la literatura española contemporánea.

Lejos del arquetipo del detective clásico de novela negra (culto, cínico, atormentado), el personaje de Mendoza es marginal y buscavidas. Posee una lógica interna aplastante, pero basada en premisas absurdas. Sus conclusiones y métodos a menudo rozan el delirio; es capaz de trazar planes complejos basados en malentendidos, y sorprendentemente, la carambola de la realidad suele darle la razón. Adicto a los refrescos de cola y los bocadillos, su moralidad es elástica y pragmática; no duda en mentir, disfrazarse, robar o halagar si eso le evita un problema con la autoridad. Su pomposidad verbal y vanidad cómica (se considera a sí mismo un estratega brillante) lo convierte en un personaje literario carismático.

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Una casualidad destapa la trama

En La intriga del funeral inconveniente, la breve crónica de un funeral insignificante en un diario local ocasiona el despido del periodista novato que la escribe. Sin saberlo, Ramoncito Valenzuela ha provocado una reacción en cadena que desemboca en la investigación de una trama financiera de alto nivel y en una conspiración de consecuencias desproporcionadas. Eduardo Mendoza vuelve a desplegar en La intriga del funeral inconveniente su inconfundible mezcla de sátira, absurdo y lucidez moral para ofrecer una disparatada trama detectivesca en la que nadie desea que la verdad salga a la luz. La ciudad de Barcelona es de nuevo el escenario privilegiado de una comedia humana implacable.

Tengo muy buena memoria para las tonterías.

«A mí lo que me gusta son las palabras raras», cuenta Eduardo Mendoza en su conversación con Óscar López durante la entrevista a Página Dos. «Si hace falta me invento un personaje para que pueda decir una frase hecha pasada de moda, porque tengo muy buena memoria para las tonterías. Frases que había oído de niño, cosas que entonces se decían, jerga de los barrios; se me han quedado. Todas mis novelas están llenas de referencias y guiños a mí mismo». Nacido en Barcelona en 1943, Mendoza estudió Derecho y Sociología, y ejerció como abogado y luego traductor en la ONU de Nueva York.

Telediario 1Eduardo Mendoza publica el regreso de su "detective sin nombre"

Eduardo Mendoza publica La intriga del funeral inconveniente, el regreso de su 'detective sin nombre' once años después.

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Todavía vivía en Estados Unidos cuando publicó en 1975 su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, considerada por la crítica como la primera novela de la transición democrática; la novela narra el panorama de las luchas sindicales de principios del siglo XX. Le siguieron obras tan premiadas y populares como El misterio de la cripta embrujada (1979), La ciudad de los prodigios (1986), Sin noticias de Gurb (1991), Una comedia ligera (1996) o La aventura del tocador de señoras (2001). Con Riña de gatos (2010) ganó el Premio Planeta y, seis años después, el Premio Cervantes. En 2025 fue distinguido con el Premio Princesa de Asturias de las Letras.