Cuando alguien me pregunta: "Julio, ¿por qué leer?, ¿por qué escuchar música clásica?". Yo contesto: por vicio. Por puro placer. Por ser más disfrutón aún de lo que ya soy". El arte intensifica el placer, despierta el deseo y protege contra la intemperie. No nos separa de la existencia: le añade profundidad, conciencia y compañía. Para muestra, las interpretaciones estelares que vas a escuchar: Fantasía on Greensleeves de Ralph Vaughan Williams, leídas e interpretadas por la Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York; la Sinfónica checa ejecutando la Siciliana, óp. 78 de Gabriel Fauré; o Izhak Perlman al violín, junto a Daniel Barenboim, dirigiendo la Filarmónica de Londres en este Romance para violín y orquesta op. 11 de Antonín Dvořák.