Escuchar… no es tan sencillo. Creemos que lo hacemos todo el tiempo. Pero casi nunca ocurre de verdad. Oír es automático. Escuchar… exige algo más. Detenerse. Ceder. A veces, incluso, desaparecer un poco. Escuchar el sonido, escuchar al otro, a uno mismo, al mundo, al silencio que nunca es ausencia total de sonido. Para eso os vamos a poner buenas interpretaciones de la mejor música jamás escrita, como la del pianista András Schiff y El clave bien temperado de Bach, o la de Isabelle Faust al violín y Alexander Melnikov al piano con una sonata de Brahms, el violonchelista Christian-Pierre La Marca y un concierto para chelo de Schumann. Acordaos que escuchar el mundo es una forma de estar en él, como esas siluetas caminantes que nos ofrece la imagen que acompaña este texto, obra de Tamal Roy, a quien damos las gracias por esa mirada.