El castor europeo estuvo a punto de desaparecer en el siglo XIX a causa de la caza y en el siglo pasado, varios países europeos, como Suiza, impulsaron su reintroducción, lo que permitió que la especie se recuperara progresivamente. En el caso de España, la reintroducción llegó en 2003, cuando unos activistas belgas liberaron de manera ilegal una decena de ejemplares en Navarra.
Su expansión ha generado controversia por las posibles afectaciones a los bosques de ribera. Aunque la comunidad científica sostiene que la vegetación que tenemos aquí está adaptada a su presencia. Además, un estudio liderado por la Universidad de Birmingham, con la participación del CREAF, muestra los beneficios que también aporta este mamífero para mitigar el cambio climático. Las presas que construye en los ríos hacen que esas zonas secuestren un 26% más de carbono a lo largo del año.
Esta especie de roedor también tiene efectos positivos sobre el ciclo del agua, ya que aumenta la infiltración y se recargan los acuíferos. Puede que haya menos agua visible en superficie en algunos momentos porque se reduce el caudal, pero hay más reserva oculta bajo tierra, disponible a medio y largo plazo en caso de sequía.
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