El miotragus, un bóvido conocido como cabra rata balear, habitaba las islas baleares hace 5.000 años. Hoy en día, de esta especie endémica solo queda rastro en los fósiles, porque los primeros habitantes la cazaban, se introdujeron nuevas especies que compitieron con ella y acabó desapareciendo. No se trata de un caso aislado.
Islas como Rodrigues, en el Océano Índico, han perdido el 100 % de sus reptiles y en Hawai se han extinguido el 70 % de las aves terrestres. También en el Índico, la isla de Navidad ha perdido cerca del 80 por ciento de los mamíferos y lagartos endémicos. En el caso de Canarias y Baleares, también se han extinguido algunas especies de plantas y aves y, actualmente, hay otras que están amenazadas.
Las actividades humanas han ido modificando los ecosistemas insulares desde hace miles de años hasta el punto de que la biodiversidad de las islas es cada vez más homogénea y más parecida a la del continente. Un nuevo estudio, en el que participan la UAB y el CREAF, alerta de que las islas concentran cerca del 75 % de las extinciones globales. Entre las principales causas, la llegada de especies invasoras, la tala de bosques para abrir zonas de cultivo o urbanizar y la introducción de animales domésticos o asociados a la actividad humana, como ratas, gatos, cabras o cerdos.
La historia de las islas es fundamental para comprender cómo han evolucionado las especies, entender qué ocurre cuando desaparecen y, en última instancia, contribuir a conservar su futuro, por lo que proponen combinar fósiles, polen y ADN antiguos, colecciones de museos y registros históricos, además de mejorar las bases de datos globales de biodiversidad.
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