Cada vez que una ciudad asfalta una calle, emite una cantidad significativa de CO₂ a la atmósfera y es uno de los sectores de la construcción más difíciles de descarbonizar. Barcelona ha encontrado una respuesta inesperada a este problema: los huesos de aceituna de los campos de Andalucía. La capital catalana propone carreteras hechas con huesos de aceituna para reducir así un 76 por ciento las emisiones de CO2.
El Ayuntamiento de la ciudad, junto con la Fundación BIT Habitat y BIMSA, ha impulsado una iniciativa llamada "La sección de calle del siglo XXI" que tiene como objetivo desarrollar nuevos materiales para la obra pública. Una de las propuestas es Biochar, un sistema que utiliza huesos de aceituna para construir carreteras.
El campo andaluz produce alrededor del 45% del aceite de oliva del mundo y sus olivares generan cada año grandes volúmenes de residuo en las almazaras que tienen un aprovechamiento limitado. El Proyecto Biochar convierte uno de esos subproductos masivos en un material de construcción de alto valor añadido en un ejemplo de economía circular que conecta dos mundos habitualmente separados: el sector agrícola del sur de España y la ingeniería civil urbana de una gran ciudad. Si funciona a escala, podría crear un mercado estable para los residuos del olivar y reducir al mismo tiempo la huella de carbono de la construcción de infraestructuras en toda Europa.
Se espera que las pruebas piloto en calles de Barcelona empiecen a partir de septiembre de 2026.
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