Nómadas   Canal Real de Irlanda, paisaje líquido 03.07.2021 57:53

Ninguna otra vía de comunicación permite elegir entre un abanico tan amplio de medios de transporte. El Canal Real, soberbia obra de la ingeniería hidráulica irlandesa, nació en el siglo XVIII para unir la portuaria Dublín, en la costa este, con el interior de la isla: 145 kilómetros excavados entre la desembocadura del río Liffey y el caudaloso Shannon. Hoy, felizmente recuperado para el disfrute del público, se puede recorrer a pie, en bicicleta, canoa o incluso en tren, un ferrocarril cuya construcción a la vera del cauce precipitó su declive y abandono como sistema de transporte de pasajeros y mercancías. Partimos de su costado dublinés con la guía oficial Cecilia Ferrari, quien nos presenta poblaciones relevantes del trazado como Enfield o Maynooth. En esta última ciudad universitaria vive el corredor de larga distancia Gary O’Daly, que comparte consejos y experiencias como asiduo usuario de esta ruta cuya distancia total llegó a cubrir en una carrera en solitario de 20 horas y 47 minutos. El veterinario Miguel Rueda, español residente en la ribereña Longford, nos invita a pedalear entre Cloondara y Mullingar, otras dos paradas que encontramos en el extremo occidental y centro de la recién inaugurada vía verde del canal (Royal Canal Greenway). También contamos con el punto de vista del cicloviajero dublinés Michael Murphy. Además el ingeniero John McKeown, responsable de la infraestructura en la entidad pública Waterways Ireland, relata los avatares de su construcción, funcionamiento, degradación, restauración y reapertura a la navegación con casi medio centenar de esclusas operativas. Hoy es un placer transitar por los antiguos caminos de sirga o sobre la propia lámina de agua para descubrir sin prisa paisajes, localidades y rincones del natural y enigmático Ancestral Este de Irlanda. Lo sabe bien María Cristóbal, española enamorada del pueblecito de Abbeyshrule, que luce uno de los acueductos más hermosos del Royal Canal. Un entorno idílico que, paradójicamente, fue el camino hacia la emigración para mil quinientas personas empujadas por la gran hambruna de la patata de mediados del siglo XIX. Soraya Gabriel, responsable de comunicación de Turismo de Irlanda en España, nos explica esta historia, reflejada en el museo de Strokestown y en el sendero patrimonial conocido como The National Famine Way.

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