En 1950, una joven autora de veintinueve años gana el Premio Nadal por su novela Viento del Norte. Su nombre es Elena Quiroga. Viento del Norte es una narración que nos adentra en la atmósfera del pazo de La Sagreira, muy cerca de la playa de Ortigueira y de la isla de San Vicente. Se nos presenta al personaje Álvaro de Castro, un hidalgo viejo, que ha recorrido ya su propia vida, en su relación amorosa con Marcela, una muchacha, hija ilegítima de La Matuxa, otra de las criadas, a la que antes ha visto nacer. En Viento del Norte asistimos a las dificultades de un amor que se interna en las grietas de los muros del pazo, sus amplios corredores y altos techos, con la diferencia de edad de sus protagonistas y el abismo social que los separa. La tensión acecha entre esas paredes, con los silencios cargados de peso y las zozobras que no se pronuncian, con la amenaza de la tragedia en el aire humedecido. Estamos ante una novela con largos corredores de épocas, desde el instante del nacimiento de Marcela, casi presenciado por el todavía joven Álvaro de Castro, hasta el matrimonio entre los dos, con la sombra borrosa de la muerte no sólo en el arranque de la historia, sino también luego. Las emociones nos envuelven y el verdadero amor sólo se descubre, en la neblina de la juventud de Marcela, cuando ya se ha perdido. Elena Quiroga escribe con un equilibrio entre el gallego popular y el castellano, con giros y frases hechas en gallego. Con el tiempo ahora convertido en la escritura delicada de un mago, Quiroga nos dibuja su acuarela íntima de pasión sutil con una sensualidad envolvente.