No eran molinos. Clásicos de la literatura española Tranquilamente hablando, de Gabriel Celaya24/04/2026
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En 1947, Gabriel Celaya viene de publicar Tentativas, un año antes. Se trata de un libro en prosa, muy interesante, en el que firma, por primera vez, con su definitivo nombre literario. La obra está impregnada de sus etapas previas, vertidas en su esencia, desde sus primeros tanteos, influidos por su etapa en la Residencia de Estudiantes, con la cercanía de Alberti y García Lorca, y otra posterior, en la que se atenúa la exuberancia simbólica, el ritmo sensual, para adentrarse en una vía que conduce al existencialismo. El poeta viene de una gran tradición, truncada por la guerra, y ahora quiere reinventarse y vivir. Ese año, 1947, todavía con el seudónimo de Juan de Leceta, publica un nuevo libro: Tranquilamente hablando. Ha abandonado su profesión de ingeniero, después de haber estudiado Ingeniería industrial en la Universidad de Madrid -etapa en la que vive en la mítica Resi- y también su puesto como gerente en la empresa familiar, en San Sebastián. Ahí está dejando la posibilidad de otra vida. Se instala, con Amparo Gastón -Amparitxu- en el barrio madrileño de Prosperidad, distrito de Chamartín, que lo apoyará siempre en su escritura, y se dedica íntegramente a sus libros. Con Blas de Otero y Ángela Figuera Aymerich, forman el eterno y brillante triunvirato vasco de la poesía social. Tranquilamente hablando es un libro fundamental, porque marca el paso, el ecuador, entre ese existencialismo matizado hacia una poesía social, cuyas características demarca, y el amplio realismo de posguerra. Es una poesía directa, dialogada, fácilmente asequible, siempre del yo al nosotros, y del tú al vosotros, para fundirse con esa mayoría a la que pone voz poética y moral.

No eran molinos. Clásicos de la literatura española
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