No eran molinos. Clásicos de la literatura española Primera memoria, de Ana María Matute02/10/2026
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El 1 de enero de 1959, las fuerzas de Fidel Castro derrocan al dictador Fulgencio Batista. Mientras triunfa la Revolución cubana, la Unión Soviética lanza la sonda Luna 1: es el primer diseño espacial que alcanza la velocidad de escape de la Tierra y pasa cerca de la Luna. Un día después, el 3 de enero, Alaska se incorpora de manera oficial como el cuadragésimo noveno estado de Estados Unidos. Todo cambia. Y 1959, este año de fiebre revolucionaria y ampliación lunar de las rutas humanas, que marca la entrada en la década prodigiosa de los años sesenta, contemplará también la concesión del premio Nadal a una joven escritora de treinta y cuatro años, Ana María Matute, por su novela Primera memoria. No es, desde luego, su primera novela: antes ha publicado Los Abel (1948), Fiesta al Noroeste (1952), Pequeño teatro, con el que gana la tercera edición del Premio Planeta en 1954, o Los hijos muertos (1958), que obtiene el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. Es por tanto, en su juventud, una escritora plenamente consagrada. Con ella se ha iniciado un tiempo mágico de la literatura, caracterizado por una unión suave entre la aspereza del realismo en la posguerra española y un velo hondo y fantástico, entre una dulce melancolía, siempre con un punto de fuga hacia la niñez, que desembocará en su novela Olvidado Rey Gudú, en 1996, con gran éxito de ventas. Pero antes, mucho antes de todo eso, nos da el paisaje de una desolación, con la infancia perdida, en Primera memoria.

No eran molinos. Clásicos de la literatura española
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