En 1968, cuando publica Poemas de la consumación en la editorial barcelonesa Plaza & Janés, Vicente Aleixandre tiene 70 años. Junto a su diálogo literario y también su amistad cercana con la nueva poesía, el poeta Vicente Aleixandre, con esas viejas sombras del paraíso de la generación del 27 que siempre le acompañan, también comienza su diálogo personal con la vejez. Comienza ahora una nueva mirada orillada al ocaso, pero también con presencia rutilante de emoción y conversaciones íntimas, en el último reflejo de la juventud. Con Poemas de la consumación y Diálogos del conocimiento -que se publicará seis años después, en 1974-, el poeta comienza un nuevo ciclo con ligeros retornos a su primer surrealismo, en la tensión verbal que interioriza el deseo de volver a esa poesía primera, con su plasticidad en el lenguaje, y también desde la serenidad de una asimilación de tiempo y vida. Hay una doble cara en Poemas de la consumación: está presente el recuerdo y el sentido ulterior de la existencia, desde una mirada contenida que busca lo exacto y hondo en el decir, con la vejez en primer plano; pero, al mismo tiempo, como nos recuerda José Olivio Jiménez, “es un libro vertebrado, en una primera (pero incompleta dimensión), sobre un inmediato tema central: la exaltación y elegía de la juventud (…). Pero también elegía, ya en un sentido intransferiblemente personalísimo, porque tal proclamación de la juventud se emite desde la vejez del poeta, y sabe y reconoce como perdida aquella misma riqueza de que también el gozó un día. Es esa doble cara, entre el fulgor del recuerdo, y la nueva juventud poética que lo rodea, y esa vejez que se aproxima, con sus lentas penumbras.