No eran molinos. Clásicos de la literatura española Poema del Cante Jondo, de Federico García Lorca04/09/2026
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El tiempo se demora lentamente en las hojas del laurel y parece flotar, cada vez que Federico García Lorca se reúne con Manuel de Falla y Fernando Vílchez, en el carmen de este último, en la ladera del Albaicín. Vílchez tiene varios discos con los cantos más puros y los escuchan con Miguel Cerón, otro amigo del grupo. Sobre todo, se habla de cante jondo, ese brillo terroso de la tierra, el magma radiante que araña el pecho de los cantaores y parece dormir hacia el olvido. La preocupación de Manuel de Falla es su degradación, porque se corre el riesgo de violentarlo en su esencia, entre las nuevas corrientes comerciales y turística del momento. García Lorca desliza una nueva idea, que sigue rápidamente Miguel Cerón: crear un concurso de cante jondo. Estamos en el otoño de 1921. A Falla la propuesta tampoco le arranca una aceptación inmediata, pero el rechazo es menor. Además, la pasión de Federico García Lorca es contagiosa: envuelve a Manuel de Falla, consciente de su talento y visión. Más allá del concurso, lo que ninguno de ellos sabe, aún, es que durante esas tardes granadinas, mientras perfilan el proyecto, el joven poeta comienza a escribir unas nuevas composiciones, al oído de la tierra, de las guitarras y también de las voces encendidas de los cantaores, con su enigma de forja, que se irán uniendo en un libro de versos. El concurso será un éxito, pero la memoria de ese tiempo y esos timbres de música rasgada siempre vivirán entre las páginas de Poema del Cante Jondo.

No eran molinos. Clásicos de la literatura española
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