No eran molinos. Clásicos de la literatura española Diván del Tamarit, de Federico García Lorca19/06/2026
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En 1922, Federico García Lorca lee Poesías asiáticas, puestas en verso castellano de Gaspar María de Naba, conde de Noroña, publicadas en 1833. Parece ser que le cuenta a su hermano Francisco que, antes de escribir su siguiente libro de poemas, desea entrar en ese mundo de exotismo tan propio, con raigambre andaluza y una carnalidad serena en los palacios granadinos con un millón de fuentes. Emilio García Gómez siempre pensaría que García Lorca llega a esas Poesías asiáticas tras citarlas, él mismo, en el prólogo de su libro Poemas arabigoandaluces, de 1930. Lo más probable es que lo escriba entre 1930 y 1934, es decir: después del impacto radical que supone en la vida y en la obra de García Lorca su estancia en Nueva York, entre junio de 1929 y marzo de 1930. Tras ese choque frontal de abismos y caídas del hombre contemporáneo con el derrumbe económico de 1929, Lorca necesita reencontrarse con su ser arabigoandaluz y granadino, en la delicadeza de unas composiciones que lo traen de vuelta de aquel precipicio de modernidad. Así, en diciembre de 1934 publicará Casida de los ramos, en la revista madrileña Ciudad. En febrero de 1935 ven la luz, en el Almanaque literario 1935 de Guillermo de Torre, Esteban Salazar Chapela y Miguel Pérez Ferrero, Casida de la muerte clara (dedicada a Pérez Ferrero, cuyo título cambiará después por Gacela de la huida), Gacela del mercado matutino, Gacela del amor con cien años y Casida de la mujer tendida. Es el último regreso lorquiano a su esencia lejana de jardines con un eco sensual.

No eran molinos. Clásicos de la literatura española
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