La obertura en Wagner llegó a ser como un tráiler de la ópera. A ver cómo es el talento narrativo "condensado" de Wagner...
Es casi un misterio la juventud de Wagner. Pero vemos que en Las hadas (1833), con 19 años, Wagner ya se muestra como un genio precoz y desconocido, contando en la Obertura cómo el príncipe Arindal persigue a una cierva encantada, que llega a ser Ada, la reina de las hadas.
Contamos el fracaso grotesco de La prohibición de amar (1836), con castañuelas y todo, cuando en el público había ¡¡3 personas!! (parecía un concierto Covid -o un concierto Schönberg-...).
El primer exitazo de Wagner es Rienzi (1842, con 29 años), con las aventuras y desventuras del tribuno medieval Cola di Rienzo frente a las hordas autoritarias y populistas comandadas por el Pontífice. La Obertura reproduce la abnegada "oración de Rienzi" y su visión triunfal del regreso de la Ciudad Eterna.
Y después, El holandés errante (1843), con uno de los tópicos que harán inmortal a Wagner: la redención por amor. La obertura recoge la misteriosa identidad del Holandés y la "balada de Senta", y maneja todo en una estructura de forma sonata con un desarrollo como nudo narrativo, tras lo que se divisa el ascenso casi místico de ambos héroes.
Y acabamos, por supuesto, con Tannhaüser (1845 y 1861): de nuevo la redención por amor que representa Elisabeth (la sobrina del Landgrave) y otro tópico wagneriano: la contraposición entre amor sensual (los temas del Monte de Venus) y amor caballeresco. El coro de los peregrinos, con su tema de la contrición, son la "banda sonora" de la transformación interior del caballero trovador Heinrich Tannhaüser.
Felices redenciones por amor con San Valentín, Venus y Elisabeth (y con el Landgrave)...