En 1915, con 36 años, el alma de Ottorino Respighi habita las calles de Roma con sus leyendas y sus resonancias eternas. Unos meses después pierde a su madre, y las fuentes de Roma parece que otorgan un misterioso sentido a su existencia: el agua como renovación, como susurro de eternidad, como eco de grandeza. También esos días comienza su relación con Elsa, su joven alumna de Composición que más tarde llegará a ser su esposa.
Respighi compone sus Fuentes de Roma dando vida a aquellas esculturas, y combinándolas con los colores de la luz a diferentes horas del día: la Fuente del Valle Giulia al amanecer (con "manadas de ganado" y "la bruma fresca"); la Fuente del Tritón en la mañana (como "un repentino y fuerte estallido", "una llamada jubilosa" ); la impresionante Fontana de Trevi al mediodía (con "la superficie radiante del agua", el "carro de Neptuno con su séquito", y toques de trompeta); la Fuente de Villa Medici (en "la hora nostálgica del atardecer").
Completamos estas visiones con otras fuentes mágicas: La Fontana dell'Acqua Paola de Charles Griffes; las Fuentes de Versalles de Michel Delalande; Al borde de una fuente de Franz Liszt. Felices fuentes existenciales, queridas y queridos, y felices personas/fuente: por eso acabamos con "Eres tú como el agua de mi fuente", de Juan Carlos Calderón/Pedro Villarroig, en versión de Voces para la Paz.