Chopin está muy de actualidad, a juzgar por su presencia en Internet. Y tiene la rara virtud de producir belleza en la tristeza, una belleza sanadora, o sensibilizadora. Quizá de ahí su aceptación entre esos cientos de millones de personas actuales. Chopin es música muuuy contemporánea, queridas y queridos.
Nos acercamos al Nocturno nº 20, que pasa a la historia porque salvó la vida a dos pianistas judío-polacos en 1944: Vladislav Spilzman (el pianista del Gueto de Varsovia) y Natalia Karp (en el campo de Plaszow, frente al mismo nazi sanguinario, Amon Goeth, de La lista de Schindler). Chopin puede cambiar corazones demoníacos, aun ocasionalmente, y salvar vidas...
La melancolía de Chopin no se explica por sus enfermedades, ni por sus seres queridos fallecidos, ni por su exilio: Chopin parece que nació exiliado de este mundo, y no necesitaba tristezas "terrenales" para componer con esa conmoción. Escuchamos el Lento de la Sonata para Violonchelo, que es, de facto, un nocturno.
También Chopin podía crear temas que eran "hermanos secretos" de otros temas, como quien escribe una novela sobre dobles: el Nocturno en Sol menor (según él mismo inspirado por el Hamlet de Shakespeare) y el Nocturno en Fa menor.
Y compensamos la nebulosa nocturna con un par de Estudios exuberantes, y con ese prodigio para piano y orquesta que escribió con 18-19 años, en 1829: el Rondó a la Krakoviak, con atmósfera matinal, nocturna, canciones polacas, poderoso sentido dramático, etc. "El espíritu de la música ha pasado por la tierra", sentenció su admirador Robert Schumann cuando Chopin murió en 1849...