Terminamos esta inmortal sinfonía (versión de 1881), que también fue apodada "una sinfonía del bosque": el bosque como "catedral de montañas y árboles", donde se recibían epifanías.
El tercer movimiento es un Scherzo, según Bruckner mismo representando a los míticos cazadores germanos, con sus épicas monterías y con una especie de danza mística en la sección central.
Y el cuarto movimiento nos sitúa en "el terror del bosque", que empieza con el viento, el ocaso, y un tema que porta la figura del diapasón, generalmente referida a la imponente majestad del Todopoderoso. Un tema segundo parece evocar (según Kretzschmar) "los encantos de la niñez". Y todo parece dirigirse a uno de esos Resurrexit galácticos con que culminan casi todas las sinfonías de Bruckner.
En Bruckner encontramos (como decía Eugenio Trías) "el Gran Relato", la historia prototípica del género humano y su hábitat eterno, y especialmente una extraña certidumbre y un "asombro antiguo" (parafraseando a Borges)...