Hay dolores que no entienden de épocas. Hace casi dos mil años, un padre perdió a su hija pequeña y escribió una carta para consolar a su esposa. Ese padre era Plutarco. Y el resultado es uno de los textos más humanos y conmovedores que nos ha dejado la Antigüedad, al que dedicamos este “Locos por los clásicos” a la “Consolación a su mujer”, de Plutarco.
Una obra nacida de una tragedia familiar, la muerte de su hija pequeña Timóxena, que murió mientras Plutarco estaba lejos de casa. Cuando recibió la noticia, ya era demasiado tarde para acompañar a su mujer en el funeral. Entonces hizo lo único que podía hacer: escribirle. Pero no le pide que no llore ni finge una serenidad imposible. Comparte su dolor y trata de encontrar, en medio de la desgracia, una razón para seguir adelante.
A lo largo de esta carta extraordinaria, Plutarco recuerda a su hija con una ternura que atraviesa los siglos. Evoca su generosidad, su dulzura y la alegría que llevó a la familia tras el nacimiento de cuatro hijos varones. Y plantea una idea tan sencilla como profunda: no debemos dejar que la tristeza borre la gratitud por el tiempo compartido. La vida de Timóxena fue breve, pero fue un regalo.
El filósofo griego reflexiona también sobre cómo afrontar el sufrimiento. Critica los duelos convertidos en espectáculo y a quienes avivan el dolor en lugar de aliviarlo. Para él, la fortaleza no consiste en no sufrir, sino en no dejarse destruir por el sufrimiento.
Y aparecen además las creencias que daban sentido a su vida: la inmortalidad del alma, la influencia de Platón y de los misterios dionisíacos, la esperanza de que la muerte no es el final. Plutarco compara el alma con un pájaro encerrado en una jaula que, al morir, recupera la libertad. Son palabras nacidas no de una especulación filosófica, sino de la necesidad desesperada de consolar a la mujer que ama.
Contamos con la colaboración de la helenista y profesora de griego de la Universidad Complutense, Soraya Planchas, especialista en Plutarco.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora de Consolación a su mujer de Plutarco está formada por “Tears in Heaven”, de Eric Clapton; “Forever Young”, de Alphaville; “E ti vengo a cercare”, de Franco Battiato; y “Vincent”, de Don McLean.
La imagen corresponde a La Dolorosa de Tiziano (1555)