El canto XXII de la Odisea es el canto de la venganza. Todo lo que Homero ha ido preparando durante tantos episodios estalla ahora dentro del palacio de Ítaca. Ulises ya no es el mendigo humillado: es el rey que ha vuelto y ejecuta una venganza implacable. Coge el arco y dispara la primera flecha contra Antínoo, el más soberbio de los pretendientes. La muerte cae de golpe, sin aviso, mientras bebe.
Los pretendientes intentan negociar, ofrecer compensaciones, salvar la vida, pero ya es tarde. Han devorado la casa de Ulises, han acosado a su esposa Penélope, han conspirado contra su hijo Telémaco y han roto las leyes sagradas de la hospitalidad. Ulises solo quiere venganza. Y comienza la matanza.
A su lado combaten Telémaco, el hijo que ya se hace adulto, y dos servidores fieles que representan la lealtad frente a la traición. Uno tras otro caen los pretendientes, atrapados en el palacio como en una ratonera. Homero no suaviza la violencia: hay sangre, miedo, cuerpos en el suelo, no hay piedad.
Pero el canto no termina con la muerte de los pretendientes. Llega también la muerte, terrible, de las criadas desleales y del traidor Melantio, en una de las escenas más duras e incómodas de toda la Odisea. Y ahí está la clave de Homero: no nos ofrece un héroe perfecto, sino un hombre atravesado por la rabia, la ira y el deseo absoluto de venganza.
Ulises ha vuelto. Ha recuperado su casa. Ha eliminado a sus enemigos. Pero el precio ha sido altísimo, la crueldad salvaje y desnuda de Ulises. El palacio queda en silencio. ¿Qué va a pasar ahora?
Contamos con la colaboración del helenista y traductor de la Odisea, Juan Manuel Macías.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora del canto XXII de la Odisea está formada por “El éxtasis del oro” de Ennio Morricone; “El caballero oscuro” y “La caída de Gotham” de Hans Zimmer y James Newton Howard; y “Danza de los caballeros” de Serguéi Prokófiev
La imagen corresponde al fresco “La matanza de los pretendientes por Ulises” de Giovanni Battista Castello (el Bergamasco) en la Villa Pallavino de Génova, 1560.