La novela griega nace en el siglo I d.C., cuando Grecia ya no vive entre héroes de la épica, batallas y gloria, sino en un mundo cosmopolita, viajero y lleno de incertidumbres. Y claro: cuando cambia el mundo, cambia también la literatura.
Aquí ya no mandan Aquiles ni Agamenón, sino dos jóvenes guapísimos que se enamoran, se pierden, naufragan, caen en manos de piratas, sufren falsas muertes, secuestros, juicios, viajes imposibles… y aun así siguen fieles hasta el reencuentro final. De Quéreas y Calírroe a Dafnis y Cloe, de Leucipa y Clitofonte a las Etiópicas de Heliodoro, la novela griega inventa algo que seguimos leyendo y viendo hoy: amor, suspense, giros de guion y, sobre todo, final feliz después de pasarlo fatal. A la novela griega se dedica este “Locos por los clásicos” con un invitado especial, el helenista y maestro de helenistas, experto en la novela griega, Carlos García Gual.
Algo importante: no era un género raro ni elitista. Era un auténtico fenómeno de masas. Se leía muchísimo. Exactamente lo que hoy pasa con las novelas románticas o los culebrones: historias de amor al límite, con giros imposibles, sufrimiento, separaciones… y ese final que lo recompone todo. Cambian los escenarios, pero la fórmula es la misma.
Lo fascinante es que el heroísmo también ha cambiado. Ya no consiste en conquistar ciudades, sino en resistir. Estas novelas, que durante siglos se miraron como literatura menor, son en realidad el gran laboratorio de la novela moderna.
Porque dos mil años después seguimos contando lo mismo: alguien ama, alguien pierde, alguien busca, alguien espera volver a encontrarse.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora de la novela griega está formada por “The Long and Winding Road”, de The Beatles; “A Thousand Years”, de Christina Perri; y “Without You”, de Mariah Carey.
La imagen corresponde a la película “El diario de Noa” dirigida por Nick Cassavetes (2004)