Después de monstruos, tempestades y naufragios, Homero detiene la acción y nos lleva a la isla de los feacios, el pueblo más refinado y hospitalario de toda la Odisea. Hay asambleas, banquetes, competiciones deportivas, música, danza y respeto sagrado por el extranjero. Es, probablemente, la primera gran sociedad utópica de la literatura occidental.
En medio de ese mundo aparece Demódoco, el aedo ciego que representa el poder inmortal de la poesía. Sus cantos devuelven por un momento la guerra de Troya al corazón de la Odisea. Ulises escucha cómo su propia vida se ha convertido ya en leyenda y rompe a llorar mientras los feacios ignoran quién es en realidad aquel misterioso extranjero. Después llegan los juegos atléticos, donde recupera su prestigio de héroe; el baile extraordinario de los jóvenes feacios, símbolo de una sociedad que celebra la belleza; el divertidísimo episodio de Ares y Afrodita, donde el ingenio vence a la fuerza bruta; y, finalmente, el relato del caballo de Troya, que vuelve a conmover a Ulises hasta las lágrimas. Al terminar el canto, Alcínoo comprende que su huésped oculta una historia extraordinaria y le hace la gran pregunta que abre el siguiente episodio: «¿Quién eres?». El viaje físico hacia Ítaca está a punto de comenzar, pero antes Ulises tendrá que regresar a través de la memoria y del relato.
Contamos con la colaboración de la helenista y profesora de Filología Griega de la Universidad Complutense, Federica Pezzoli.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora del canto VIII de la Odisea está formada por “El señor de los anillos” de Howard Shore; “Carros de fuego” de Vangelis; “Amarcord” de Nino Rota; "A Beautiful Mind" de James Horner; y "Elegy for Dunkirk", de Dario Marianelli.
La imagen corresponde al cuadro “Ulises en la corte de Alcínoo” de Francesco Hayez (1814)