Locos por los clásicos Esquilo. Orestíada 3. Las Euménides01/05/2026
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Todo debería haber terminado… pero no. Agamenón ha muerto, Orestes se ha vengado… y sin embargo la historia sigue. Porque matar a tu madre, aunque sea por justicia, tiene un precio que no se puede esquivar.

Así arranca “Las Euménides”, la tercera obra de la trilogía “La Orestíada” de Esquilo. Y aquí ya no hay solo sangre: hay algo mucho más grande. La pregunta clave: ¿cómo se termina con la violencia?

Orestes huye, perseguido por las Erinias, esas fuerzas oscuras que solo entienden una ley: la sangre se paga con sangre. Se refugia en Atenas, acorralado y sin salida.

Y entonces todo cambia. Aparece Atenea… y en lugar de más venganza, crea un tribunal de justicia formado por los atenienses. Se celebra el juicio. Se vota. Empate. Y ella decide: Orestes es absuelto.

Pero lo verdaderamente genial viene después. Las Erinias estallan… y Atenea no las destruye: las transforma. De Furias a Euménides, “Las benévolas”, de venganza a protección. Y ahí está la clave del final de la trilogía: el paso de la barbarie a la civilización. De la venganza… a la justicia. “La Orestíada” es una de las grandes obras de la literatura universal, leída y representada con devoción durante miles de años.

Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora de “Las Euménides” está formada por “Lux Aeterna” de Clint Mansell; la banda sonora de Hans Zimmer para Inception y Interstellar; y “Experience” de Ludovico Einaudi.

La imagen corresponde al cuadro Orestes perseguido por las Furias, de William Adolphe Bouguereau (1862) en el Chrysler Museum of Art (Norfolk, Virginia)

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