Después de atravesar las Simplégades, los argonautas siguen avanzando hacia la Cólquide. En la travesía contemplan una aparición extraordinaria: Apolo pasa volando sobre ellos camino del país de los hiperbóreos, con sus cabellos dorados, el arco y el carcaj a la espalda. Después el viaje vuelve a golpearles: muere Tifis, el piloto de la Argo, atraviesan pueblos extraños y encuentran a los hijos de Frixo, que les advierten de que el vellocino está custodiado por una enorme serpiente que nunca duerme.
Ya cerca del Cáucaso, ven pasar al águila que devora cada día el hígado de Prometeo y escuchan sus gritos desde la montaña. Poco después alcanzan por fin el río Fasis. La Cólquide está ante ellos. Han llegado a los extremos del mundo conocido. Ahora falta lo más difícil: conseguir el vellocino.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora de esta segunda parte del libro II de las “Argonáuticas” está formada por “The Funeral”, “Charting a Course” y “Discovery of the Treasure”, de John Debney para “La isla de las cabezas cortadas”
La imagen corresponde al cuadro “La nave Argo” de Argo, de Konstantinos Volanakis (1890)