Fanny tiene 28 años y lleva dos noches acampada para reclamar soluciones al problema de la vivienda. Vive de alquiler en un piso de tres habitaciones compartido por cuatro personas y asegura que no puede permitirse vivir sola. “Me piden demasiadas condiciones que no puedo cumplir, mis contratos son bastante precarios, mi sueldo no me llega y ni siquiera con un aval de mis padres puedo acceder a una vivienda para mí sola”, ha explicado.
Esta joven, que trabaja como celadora en la Comunidad de Madrid, considera que la acampada sirve para visibilizar el problema y presionar a las instituciones. Asegura que no se conforman con las medidas que puedan aprobarse y reclama soluciones más amplias: “No nos conformamos con un solo decreto y consideramos que la ley de vivienda se queda corta, es cosmética y no responde a las necesidades reales”.
Fanny destaca además el ambiente de convivencia entre los participantes y asegura que la movilización le ha permitido recuperar parte de la esperanza: “Siento que ha reinado la desesperanza y considero que nosotras, las vecinas, las personas normales, tenemos bastante poder al final”.